
Para disipar la ignorancia de creernos separados, abrir el corazón para vivenciar la Interconexión de lo diverso en la Unidad del Ser.
Date 5 minutos en tu casa para abrir tu corazón con tu planta o mascota o gema preferida y percibe la Interconexión de los seres en el Ser.
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La fórmula entre poder y cultura se halla invertida. Lo explica claramente el premio Nobel francés Francois Jacob cuando expresa: “no son las ideas de la ciencia las que encienden las pasiones. Son las pasiones las que se sirven de la ciencia para defender su causa”. La razón no alcanza, se vuelve azarosa y circunstancial cuando debe defender el mandato instintivo. Ella va a procurar los recursos que necesita el poder para alimentar su ego, incluso los más refinados, como la ciencia y el humanismo, aceptando de estos lo que le procuren beneficios, más allá de su efectividad. La vida, de esta manera, es una realidad del instante y su aprovechamiento. El mundo se transforma en un mecano y la razón se apoya en la cantidad de poder acumulado. A esto conduce el ignorado sentido existencial. Todo se yergue en el instante de la realidad espacio-tiempo en que se vive, lo que conduce a la darwinización de cualquier recurso, incluido el avance sociocultural. Hay “olvido del ser” (Martín Heidegger) y el hombre se debate entre el tedio y el terror. El positivismo rígido ha profundizado este efecto, llevando incluso al menosprecio metafísico, cualidad que se halla insertado en la construcción humana. La fuerza directriz de la supervivencia aunada a la mecanización positivista de la existencia cotidiana hace del hombre un ser frustrado, más allá de reconocer los avances que ha logrado desde lo técnico.
El conocimiento científico permite una aproximación a la realidad circundante, mientras que la metafísica amplía la observación del pensamiento más allá de lo reconocible, pero su esencia no es antinómica a la ciencia, ya que ambas son complementarias en el intento humano de revelar la inteligibilidad de la naturaleza. ¿Hay un avance científico indudable? Esto es certero, pero no ha podido la ciencia y la cultura en general, atadas a un devenir bio-ontológico, conseguir aún que el hombre se aleje de la angustia existencial.
La ciencia positivista ha fracasado en su afán de divorciarse del ancestral mandato de la supervivencia contra el prójimo, lo cual sesga todo el conocimiento a favor de una lucha entre los actores, y no a favor amplio del concepto acaparado. No partir de esta premisa es abordar el pensamiento sobre bases no fidedignas. También, el mundo mecánico del positivismo ha regresado de alguna manera al animismo de toda la especie animal al entenderse, a pesar de las distintas conciencias perceptivas, que el sufrimiento es el común denominador. Esta retórica bioantropológica intenta asumirse en contraposición al mecanicismo, el que no deja de ser más compresible y tener un carácter de lucha por la supervivencia que el hombre acepta. El egoísmo genético no deja de estar presente en la conducta humana a pesar del intento que todos hacemos por maquillarlo.
Aunque se construyera un saber con el conocimiento acaudalado y avancemos en la comprensión, aunque selectiva de la realidad que justipreciamos, no llegaremos a la meta si no evitamos el sufrimiento humano, por lo menos en la realidad que nos asiste con una conciencia relativa, aunque permanezcamos lejos de entender el sentido existencial.