Creo en la atención enfocada lo más posible al Gran Interlocutor que nos habla a través del Universo. Sólo ruego por poder ver Su Mano detrás de todo lo que me acontece. Si logro esto, sé que seré feliz. (Ana)
El no poder ver nuestra vida como un encuentro con el Alma del Mundo nos hace caer en el sin sentido y la soledad existencial, conduciéndonos a todo tipo de adicciones. Si atribuimos al azar las cosas que nos suceden, caeremos en el absurdo existencial.
En su libro Los cuatro niveles de la felicidad: tu camino hacia el florecimiento personal, el padre Robert Spitzer demuestra que los seres humanos fueron hechos para la unión con lo trascendente. Nada más —ni los placeres físicos, ni los logros personales, ni siquiera las acciones altruistas— nos satisfará por completo. Esto se debe a que fueron creadas en nuestro interior ciertas necesidades que solo Dios puede llenar.
Entendemos estas necesidades, argumenta el padre Spitzer, a través de las misteriosas carencias que sentimos; carencias que, aparentemente, no pueden resolverse con nada en el plano terrenal. El padre Spitzer identifica estas carencias como Aburrimiento Cósmico, Vacío Cósmico, Culpa Cósmica, Alienación Cósmica y Soledad Cósmica.