Al encarnarse en seres limitados, Dios ha agregado al Ser la dimensión de lo Relativo. (Ana J.)
Quiero exponer aquí algo que sé que chocará a muchos advaitines tradicionales.
Si definimos a Dios (o al «Ser») como lo Absoluto, lo Infinito y lo Eterno, técnicamente le faltaría una sola cosa: la experiencia de la carencia. Para que el Ser sea todo, debe incluir también aquello que no es eterno ni perfecto. Al encarnarse en lo finito, Dios «llena» ese vacío de experiencia, sumando a su naturaleza la capacidad de cambiar, sufrir y ver el mundo desde infinitas perspectivas (lo Relativo).
El Advaita Vedânta ortodoxo considera a Dios (Shiva, Brahman), como lo Absoluto estático; no cambia porque es la Conciencia. Lo relativo suele estar representado por la consorte femenina de Shiva: Uma, Parvati o Shakti, que representa la cambiante Naturaleza. Y se atribuye a esta dimensión de lo relativo una característica de irrealidad, llamándola «mâya» o «ilusión».Lo Relativo es dinámico; permite el tiempo, la historia y la sorpresa.
Al decir que Dios «agrega» esta dimensión, quiero darle un valor sagrado a nuestra fragilidad humana, así como a todo lo existente manifestado. Las diferentes perspectivas limitadas, humanas, animales, vegetales, materiales, angélicas y de cualquier otra dimensión, no serían un error de la creación, sino una expansión de la realidad divina, para que estemos en un verdadero no-dualismo. Paradójicamente, la verdadera unidad debe incluir en sí la diversidad.