La dualidad del corazón: Ciencia y Misticismo entrelazados

Jorge Lowenstein:
Como lo definí en una entrada anterior, el corazón es el órgano central del aparato circulatorio que actúa como bomba aspirante/impelente, y es el principal responsable de que la sangre llegue de manera eficiente hacia todos los órganos del cuerpo.
El gran anatomista español Francisco Torrent Guasp lo describió como una banda muscular continua que comienza en la arteria pulmonar, termina en la aorta y que, dando dos vueltas en espiral, delimita los dos ventrículos.
El genial Leonardo Da Vinci lo consideró el “instrumento mirabile invenzionato dal sommo maestro”.
El corazón tiene un diseño perfecto, producto de una evolución de miles de millones de años. No hay ninguna máquina creada por el ser humano tan eficaz como este músculo. Es una unidad anátomo-funcional: no se lo puede dividir en partes, ni estudiarlo en forma aislada, como lo pretende la concepción mecanicista de nuestra medicina occidental.
Hoy conocemos su relación con los demás sistemas de nuestro cuerpo, especialmente con el cerebro, y podemos afirmar que el corazón tiene conciencia.
Las diferentes culturas le sobreimpusieron una función adicional al mero latir: desde tiempos remotos, el corazón representa los valores más preciados del ser humano: el amor y la gratitud.
En cada célula, en cada respiración, en cada paso, en cada latido se puede manifestar esa gratitud.
“
El Dr. Martín Lombardero escribe en su libro “El corazón es consciente”: “La gratitud que sale del corazón cambia nuestro equilibrio interno, armonizándolo en segundos”.
Un corazón agradecido hace que lo cotidiano se transforme en una fiesta. La mente puede trazar un camino, pero es el corazón el que se atreve con “cor-aje” a recorrerlo.
La mayoría de las cosas que hacemos manan del corazón:
-La intuición, que es un conocimiento que aparece instantáneamente; no se apoya en un proceso lineal, ni se articula desde la lógica ni la deducción: simplemente se presenta.
-Cuando relacionamos ese conocimiento con el corazón, lo llamamos “corazonada” o “pálpito”, porque pareciera que brotara de él.
-El corazón no sólo participa de los procesos emocionales, sino también de la toma de decisiones. Muchas veces parece “percibir” una información del futuro.
-La mente racional es poderosa y muy útil, pero escuchar lo que nos dice el corazón (intuir) permite integrar lo que pensamos con lo que sentimos.
Se han descripto numerosas metáforas relacionadas con el corazón.
Para citar sólo algunos ejemplos:
“Los grandes pensamientos proceden del corazón”. (Vauvenargues)
“El corazón siente y el cerebro compara” (Chateaubriand)
“El auténtico mérito del corazón es su capacidad de amar” (Madame
de Sévigné)
“Para un corazón valiente nada es imposible” (Proverbio francés)
“Nos has creado para ti; nuestro corazón no está tranquilo hasta que descansa en ti” (San Agustín)
“No oculto lo que me dicta el corazón” (Moliére)
Si nos dirigimos a una Inteligencia Superior, para agradecer o pedir, no dirijamos la vista al cielo, no miremos para arriba; miremos más bien para dentro nuestro, a nuestro interior; lo divino late dentro denuestro pecho. El corazón es un órgano místico por lo misterioso.
Como muy bien dijo Blas Pascal: “tiene sus razones que la razón ignora”.
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Ana Jachimowicz:
El corazón puede ser definido, desde el punto de vista anátomo-fisiológico, como una bomba muscular que garantiza la circulación de la sangre por el sistema circulatorio, mientras que el cerebro se caracteriza como una masa de neuronas que coordina la actividad física e intelectual de la persona.
Éstas son las definiciones a nivel físico; más allá de ellas, desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha ubicado allí un centro energético, existencial y metafórico muy importante; en suma un arquetipo que aquí nos detendremos a considerar.
Observemos primero el lenguaje corporal.
Por ejemplo, cuando alguien se encuentra considerando un problema difícil que requiere concentración de su pensamiento, intuitivamente dirige su mano a la frente, detrás de la cual se encuentra el lóbulo frontal de nuestro cerebro, que la Ciencia señala como el encargado de nuestra cognición de alto nivel.
Por otro lado, observamos que dirigimos espontáneamnete nuestra mano al centro del pecho cuando:
-queremos significar nuestra intención de decir la verdad, nuestra honestidad
-queremos significar nuestro ser más íntimo, más profundo y personal
-queremos significar nuestro punto de vista peculiar, que quizás difiera del del resto de la gente.
-queremos significar un sentimiento de amor intenso
-golpeamos el centro del pecho para significar que nos sentimos culpables de algo
-juntamos las palmas de las manos a nivel del centro del pecho cuando queremos enviar un mensaje muy profundo nuestro hacia el cielo, sea lo que sea que ubiquemos allí
Entonces, ¿cuál es la percepción existencial de este órgano en nuestra vida, independientemente de la definición del diccionario de Anatomía?
Parece que lo percibimos como la sede de nuestro ser real, a la vez que lugar de encuentro con el Ser Universal.
En ese carácter, aparece en muchas simbologías religiosas (el Sagrado Corazón de Jesús, el Inmaculado Corazón de María, el corazón alado de los sufíes, el Sutra budista del Corazón, el Hrd del Hinduismo, el órgano moral en el Antiguo Egipto, el yollotl de los Aztecas, considerado el centro de la fuerza vital y energía del ser humano, entre otros).
O sea, parecería que el corazón fuera el órgano más religioso o más espiritual de todos, por estar asociado a nuestro ser real más profundo, que nos conecta con lo divino, así como sede de la divinidad en nosotros.
Por ese motivo, ha sido denominado “órgano místico”.
Jorge menciona la “corazonada” y del “pálpito” como situaciones de conocimiento o saberes que no provienen de la razón ni de los sentidos.
El corazón es aludido aquí como sede de la intuición, o sea el conocimiento directo, sin intermediarios. Un “saber” que no pasa por la intermediación de los sentidos ni de la razón. Es un saber que toca lo que somos, nuestra propia naturaleza. Este tipo de conocimiento, que es innato y propio de cualquier ser humano, no es desarrollado en nuestro sistema educativo occidental. Se trata propiamente del conocimiento místico, que si bien fue muy respetado en los albores de nuestra cultura, luego fue perseguido, luego considerado enfermedad mental, y hoy mayoritariamente ignorado.
¿En qué consiste la mística?
La mística (que en sánscrito se denomina “yoga”, unión) es la unión de alma cósmica con el ama individual. Es el intento de desentrañar el misterio de la existencia del Universo, pero no de un modo intelectual, sino vivencial. Busca el encuentro experiencial con fundamento del universo, más que su descripción conceptual en palabras. Y en ese sentido, el corazón es el órgano místico por excelencia: todo sabemos que el corazón no nos habla en palabras, sino en emociones o incluso imágenes.
“El corazón es un órgano de conocimiento; hay verdades que no se dejan captar más que por una empatía profunda, por un acuerdo secreto en entre el alma y lo real”
(Joseph Joubert, Pensées)