Dios Adentro Dios Afuera

“El arte de comunicar”

(Imagen: Hernán Condedeboeck)

En la comunicación entre médico y paciente, la palabra y los gestos son herramientas fundamentales para un vínculo terapéutico eficiente. En esta relación las palabras de los médicos pueden ser tan efectivas como los mejores fármacos. Desde la antigüedad se sabe que la palabra tiene la capacidad de reconfortar, reducir el estrés y modificar la respuesta física y emocional del paciente. Más allá de los fármacos, el lenguaje es un vehículo de curación y de confianza.

Se le atribuye a Hipócrates la frase: “Cura más lo que te dice el médico que lo que te receta”.

Está confirmado que un lenguaje empático y claro activa el cerebro del paciente, liberando neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, que reducen la ansiedad y generan un estado de confianza y bienestar que favorece la recuperación.

En nuestra experiencia las palabras con tono optimista, de aliento y seguridad son vitales para la sanación. Un lenguaje negativo o impreciso puede incrementar el miedo y la percepción del dolor. Las palabras tienen un enorme poder para sanar y también para hacer enfermar.

El lema fundamental de los médicos, derivado del Juramento Hipocrático, se resume en la máxima latina: “Primum non nocere”, que significa “lo primero es no hacer daño”; en este compromiso ético es fundamental no utilizar palabras o frases que le pueden perjudicar al paciente; una frase amable puede ser más efectiva que muchos tratamientos.

Para Platón, la palabra es “pharmacon”, veneno o medicamento según cómo se emplee.

Podemos considerar que un discurso sanador se apoya en tres patas: 1) hablar con claridad con términos, simples, sin tecnicismos, evitando palabras como “grave” “ muerte” o “fase terminal”, que van a causar angustia y miedo, 2)prestar el oído en una escucha activa que demuestre interés, y 3) palabras esperanzadoras aunque la enfermedad sea compleja.

No hay cura que funcione si el paciente ha perdido la esperanza.

Los médicos debemos aprender cómo transmitir diagnósticos, especialmente si las noticias son malas; evitar el tono pesimista, no utilizar frases que creen culpas ni emitir vaticinios fatalistas que le generan impotencia al enfermo.

Para algunos médicos la comunicación es una asignatura pendiente; en verdad es una materia que no se enseña en la Universidades, que se va aprendiendo en el camino por imitación de cómo actúan sus mentores, sus profesores, los jefes de servicio y los colegas con más experiencia. Sería deseable, en un futuro, incluir una asignatura del tipo de Dinámica Grupal en la Currícula Médica.

En la actualidad, además, el acto médico se ha despersonalizado por el uso excesivo de pantallas y la prisa en la consulta. Se ha perdido la relación directa con el paciente, debido a la excesiva informatización y a la burocratización de las tareas clínicas.

Conozco comentarios de pacientes que me refirieron no conocer la cara del médico consultor, pues durante toda la entrevista se la pasaba escribiendo en la computadora, para finalizar el acto con la emisión de varias recetas electrónicas. En otro caso, en una recorrida en un hospital, un paciente reconoció al médico que lo estaba atendiendo por consultorio tan sólo por su voz!

Es lamentable que la super especialización y la tecnología, mal utilizadas, hayan deshumanizado el acto médico; se está perdiendo la costumbre de ahondar en las preguntas, se escucha poco y al paciente casi no se lo toca.

La atención médica es menos satisfactoria cuanto más tiempo se le dedica a la documentación electrónica, lo que lleva aparejado menor tiempo dedicado al paciente. Nos hemos olvidado que, casi siempre, la palabra vale más que una prescripción médica.

Enfermedades severas como el cáncer, la insuficiencia pulmonar y la insuficiencia cardíaca avanzada, entre otras, generan mucho miedo, por lo tanto, la palabra exacta y compasiva del médico logrará crear un ambiente propicio para un tratamiento efectivo, mientras que una comunicación verbal o no verbal desacertada puede aumentar el sufrimiento físico y emocional del enfermo.

En mi práctica diaria he aprendido que al paciente no le importa tanto el diagnóstico perfecto como la necesidad que se le escuche con atención. A veces lo que más necesita y valora es que se le preste un oído atento, más allá del diagnóstico exacto.

Es de destacar que no sólo cuenta lo que se diga, sino cómo se diga, el tono con que se exprese y la postura corporal de quien lo manifieste, junto a la mirada que la acompaña. La comunicación gestual es parte de una relación empática, que en mi caso, comienza con un cálido apretón de manos, seguidos de la frase “En qué lo puedo ayudar?”.

Hay un lenguaje corporal que complementa las palabras del facultativo; por ejemplo, una mirada compartida, una sonrisa genuina, una expresión facial que refleje comprensión mejoran la calidad de la atención médica. El médico también debe aprender a captar las emociones y las reacciones del paciente, lo que le va a permitir ajustar su enfoque y responder de manera más efectiva a sus necesidades.

Con cierta frecuencia los pacientes recuerdan por años alguna frase que aparentemente hemos pronunciado y que ha servido para reforzar el bienestar o alguna conducta terapéutica. Hace muchos años acompañé a un paciente al quirófano para una intervención cardíaca. Meses después me contó que mis palabras mágicas, antes de hacer efecto la anestesia le ayudaron a perder el temor y a recuperarse. Yo ya no recordaba qué le había dicho y le pregunté cuáles eran esas palabras: “todo estará bien”, fue la frase sanadora.

En el caso de tener que referirse a un colega, siempre se debe expresar la opinión de manera respetuosa, manteniendo la ética, evitando hablar de manera negativa, o descalificar al otro profesional. La prioridad es el bienestar del paciente y, si hay discrepancias, se pueden presentar de manera constructiva.

El verdadero poder de la palabra radica en transformar el monólogo técnico en un diálogo sensible y humano. Volvamos a dedicarle mayor tiempo a hablar con nuestros pacientes. (Jorge Lowenstein)

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EL PODER DE LA PALABRA

El Dr. Lowenstein analizó el poder de la palabra en el contexto del encuentro en la consulta médica.

Pero cómo se comporta la palabra en un contexto metafísico? Hay un texto eminente en la tradición judeo-cristiana-islámica: el de Génesis (Cap.1), donde se narra la creación del mundo desde el punto de vista metafísico-fundacional, o sea, que intenta desentrañar el sentido de lo existente.

3  Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. 4  Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. 5. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. 6. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. 7. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así. 8. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo. 9. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así. 10. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. 11. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. 12. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno. 13. Y fue la tarde y la mañana el día tercero. 14. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años, 15. y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así. 16. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas. 17. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra, 18.y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. 19. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto. 20. Dijo Dios: Pululen las aguas de seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. 21. Y creó Dios los grandes cetáceos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. 22. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. 23. Y fue la tarde y la mañana el día quinto. 24 Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, animales domésticos, reptiles y fieras según su especie. Y fue así. 25 E hizo Dios a las fieras de la tierra según su género, y a los animales domésticos según su especie, y todo reptil del suelo según su especie. Y vio Dios que era bueno. 26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo reptil que se arrastra sobre la tierra. 27 Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. 28 Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. 29Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. 30 Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. 31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

Aquí se relaciona lo existente con su fundamento, su razón de ser, designada con el nombre de “Elohim” (dioses). Pero esto da para otro análisis. Aquí nos limitaremos al rol de la palabra en el contexto del mito fundacional.

En primer lugar, podemos decir que la palabra separa. Por medio de la palabra, el creador del mundo separa algo de Sí Mismo. Empiezan a aparecer distintas cosas que se postulan como diferentes de Dios, pues Dios las “ve” y opina que son “buenas”.

La expresión «Y dijo Dios…» se repite ocho veces en el capítulo. Aquí se trata de la palabra como energía creadora de Dios. Cómo podemos entender “decir” cuando todavía no hay aparatos fonatorios, ni aire a través del cual las ondas de sonido pudieran viajar? Es una emisión de una voluntad que trae cosas (luz, expansión, cielos, tierra seca, plantas, el sol y la luna, etc.) a la existencia. Se trata de una orden de producción, de llamado a la existencia de algo que hasta ese momento no estaba.

La palabra de Dios tiene el poder de establecer un puente entre el pensamiento y la realidad física, en el cual el primero tiene poder sobre la segunda.

En el humano, tiene la palabra semejante poder generativo? En parte sí, pues podemos crear obras de arte y también generar energías en nosotros mismos y en los demás, como bien lo acaba de analizar el Dr. Lowenstein.

Como derivado posterior al traer cosas a la existencia, Dios las nombra, les pone nombre. El nombre del objeto será un intermediario entre el objeto y nosotros. Dejaremos de verlo tal cual es, sin intermediarios.

En la mentalidad bíblica y del antiguo Oriente Próximo, nombrar algo no es sólo etiquetarlo, sino definir su esencia y reclamar autoridad sobre él. Por eso los judíos ortodoxos no pronuncian el nombre de Dios, porque eso sería pretender tener poder sobre Dios: arrogancia, herejía y blasfemia, además de imposible. Quien conoce el nombre verdadero de algo, tiene poder sobre ese algo. Y los nombres verdaderos de las cosas son aquellos puestos por Dios. Dios se posiciona como el Rey de la creación, aunque delega en Adán (Gén. II, 19-20) la tarea de poner nombre a los animales terrestres y a las aves del cielo. Esto, para el autor bíblico, significa que el ser humana tiene potestad sobre ellos.

Nombrar introduce más separación (dualidad) en el mundo, pues al ponerle nombre a un objeto, lo separamos, lo diferenciamos de todo lo demás. Salimos de la Unidad Indiferenciada.

Y finalmente, otro uso de la palabra que también aparece en este capítulo: bendecir, “decir bien”. “Bendecir” es derramar energía positiva sobre un objeto o persona.

Esta tercera forma de hablar aparece por primera vez en el quinto día con los seres vivientes y se repite en el sexto con la humanidad. Bendecir se relaciona con la fecundidad. La bendición de Dios permite que la vida prospere y se multiplique. Al «decir» (que crea objetos) y al «llamar» (que establece orden y distinciones), el «bendecir» agrega una relación de amor, cuidado y empatía. De alguien más poderoso que vierte energía curativa, de empoderamiento y de salvación sobre alguien menos empoderado.

Nos suena a algo? Podrá algún día las indicaciones del médico en la consulta ser una “bendición” para el paciente, en el sentido pleno de la palabra? Ojalá que así sea! (Ana Jachimowicz)


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