Los místicos suelen decir que el alma queda «anonadada», «aniquilada», en la experiencia de Dios, de modo que «cesa de existir» y «sólo Dios queda». No hay que tomar esto literalmente, como si fuera una afirmación científica, sino más bien al modo en que una vela puesta bajo la luz del sol, parece que ya no da ninguna luz, porque su luz se pierde en la luz del sol. Esta es la fusión del alma individual con el alma universal, en la que aquélla se funde pero sin perder su individualidad. Misterio que la razón sola no puede comprender. (Thomas Merton, Francia, 1915-1968)