Contemplo mi biblioteca. Es un cementerio de ideas. Sólo rescato un puñado en la historia. A Diógenes, Rimbaud, Pessoa, Cioran. Llamados malditos y trágicos; pesimistas y marginales, no se dejaron embaucar. Se sobrepusieron a la hipocresía del hombre y alertaron de cual era la dignidad. Las percepciones de Diógenes como vetas de una libertad definitiva. Certero, profundo, rebelde. Lejos de la crueldad y perversión del hombre, comprometido con una ética que aún la crónica humana no alcanzó. Nunca pudo evadirse de la realidad. La confrontó sin un ápice de imaginación.
Rimbaud fue una bocanada de sentimiento, despreció su propia vida por el valor confidencial y exacto de la percepción que lo poseía. Cada palabra con la pulcritud de un puñal que no termina de herir, porque lo que nos duele tiene la profundidad de la incomprensión y el desenfado.
Pessoa sedimentó la tristeza humana en su propio cuerpo. La aproximó a las palabras, las más acongojadas que se hayan escrito. Vivió con su experiencia el fracaso humano. No le dio crédito a sus días sabiendo del desenlace de la faena del hombre. Estoico del desgarro se constituyó en un santo sin fe. Descartó la esperanza. En su ser fundó el valor de la naturaleza anónima.
En sus testimonios Pessoa no busca explicarse. Exhuma la sensibilidad de la intimidad de su ser. Intenta definir la soledad elemental. Esa vacuidad que le impide la distracción en las cosas simples y elementales de la vida. Que lo sujeta en la sinceridad del pensamiento. Su lucha fue hallarle exactitud al paisaje de la existencia. Simplemente describirlo a través de las sensaciones. Pintarrajear el tedio que se apodera del hombre que piensa. No intentó vivir. Se abocó a observarse, a imaginarse desde su interior.
Necesito acercarme a alguien que tiemble como yo al pensar en el destino. Entonces camino en París por los jardines de Luxemburgo. Busco en cada rincón, en cada árbol, en el silencio de las estatuas, el aroma genuino de Cioran. Sé que estuvo por aquí. Contemplo las arboledas desnudas, piso las hojas herrumbrosas. Sé que en la negación también uno indaga a Dios. Quizás haya sido la gran búsqueda de él, a pesar de su agnosticismo y de convertirse en un gran contrincante de la fe. Quizás nadie haya necesitado a Dios tanto como Cioran. Dudo de la existencia divina cuando ante la sinceridad de quien lo denuesta y lo combate siga ausente. O no evidencie ningún resquicio que lo aleje del amparo en el misterio. Un demiurgo debería saber presentarse ante sus panfletarios y no alentar a los aduladores. Perdonar que el nivel de nuestra conciencia no permita ni la negación ni la aceptación. Somos un pensamiento positivo porque existe el negativo. Al no poder salir de él para una auto-referencia, la ficción es el juicio que atañe a la condición ostentada.
No se llega a Dios por la «fe», sino por la certeza. Y Dios no está ausente! Está presente en todo como la VIDA que se manifiesta en formas que aparecen y desaparecen, pero la VIDA continúa. A veces no encontramos a Dios simplemente porque éste no coincide con la imagen que nos creamos de él (muy influenciada por las religiones) . Cambia tu imagen de Dios y Lo empezarás a ver por todas partes.
¿Es que acaso hay una alternativa para comparar con Dios? ¿Podríamos, si fuera ese el caso, elegir?
En nombre de la Existencia yo declaro que Soy con «Eso» y en «Eso» que Es y que no hay manera de que pueda salirme de allí.
Yo creo que a Dios se lo experimenta, para cambiar la idea variopinta que tenemos de lo que se dice de Dios.
A Dios, para mi, se lo observa sin agregarle ningún atributo porque de Él venimos y a Él regresamos, sin haber salido nunca de Él, lo cuál me confirma la calidad de sueño que tiene la experiencia de este plano.
Querido Rubén:
Es un placer leerte, pues vos hablás con el lenguaje paradójico de los místicos («De Él venimos y a Él regresamos, sin haber salido nunca de Él»), describiendo una experiencia, más que un «conocimiento» discursivo. Que sólo otro místico puede entender.
«Lo cuál me confirma la calidad de sueño que tiene la experiencia de este plano»: a ver si entiendo lo que querés decir: este plano tendría la característica de ser una realidad que depende para su existencia de otra realidad (Dios, el soñador), la cual a su vez se autosustenta, o sea no requiere de otra realidad para existir (eso sería propiamente la definición de lo que llamamos «Dios»).
La filosofía Advaita de la India lo denomina «mâyâ», que significa «magia». Este plano sería la magia del Gran Mago, que saca cosas perecederas pero maravillosas de su galera de SER.
Yo digo que la experiencia de este plano es un sueño porque tiene fecha de caducidad, en cambio la Eternidad, que convive con nosotros, sin que nos demos cuenta, esa sí que es la Realidad.
Esta vida que, a manera de vector, nos conduce horizontalmente desde un principio a un fin en el tiempo, no puede ser mas que malabar y magia.
¿Qué quién juega? ¡El juego mismo! ¡Que juega a que juega…solamente por jugar!
Espero que estés anotando tus reflexiones metafísicas en un cuadernito, con vistas a publicar un libreo en el futuro!
Acoto una definición de juego para apoyar tus dichos: «Juego es una actividad que no tiene otro fin que sí misma.»
Cuando una actividad tiene una finalidad que no es la propia actividad (por ejemplo, ganar dinero), deja de ser un juego.
O cuando el objetivo es ganarle al adversario, también se pierde el carácter lúdico (por ejemplo en los partidos de fútbol)
Bendiciones!!!
Jorge Trainini
3 months ago
Nadie como el agotado, postrado, indefenso, vencido, pide con tanta vehemencia. Nadie como el pobre necesita de los mitos. Se ata a ellos por fatalidad, menos por convicción, mucho menos por lujuria. Por éxtasis lo hacen los místicos. Los únicos que lo hacen por interés son los poderosos. Con el credo sojuzgan. La necesidad de seguir siendo se aposenta sobre los débiles y hablan por su sangre de justicia, por el hambre de la carne. Entre ellos y el no-ser la religión desató la esperanza y dejó las ruinas. Una condescendencia para aceptar el patíbulo con placer. Es el objeto que les queda a los promesantes para suspirar una vez más. Aunque sea el último antes de caer olvidado, sabiendo que es la condición de este espectáculo que llamamos existencia.
Tengo sed de aburrimiento: la acedia de los monjes y eremitas; la melancolía del hombre. La definición estriba en la aceptación del monje a la reclusión en su propio ámbito, en la profundidad de los monasterios, en la necesidad de ser el propio silencio estacionado en los rincones y en las galerías. Afonía ocupando lo lúgubre de las piedras donde parece abrirse paso entre sus grietas, llegando desde los siglos más remotos. Entonces los monjes ocupan el espacio rodeado de mutismo, quien ora con ellos; prisioneros que intentan sepultar a la existencia reverenciando las profecías.
¿Cómo ayudar al que no se conoce? Qué cosa terrible es el prójimo que nos duele. El prójimo es una instancia fortuita y su ayuda una extraña inexactitud. Ni siquiera los sentidos de comprensión puestos a su estado, ni la suprema voluntad cuentan con la precisión que se necesita. El sufrimiento se instala en la carne, en la sangre, en la ebullición de las sienes, en el reflejo de los ojos, en cada partícula de nuestra humanidad. Éste se aposenta y perdura como una garra. En cambio, la alegría se sedimenta apenas un instante en nuestro cuerpo. Luego escapa. Se evade hasta desaparecer y quedar ocre en el pasado. Nada hay tan paradójico como una alegría que no se pueda recuperar y que el tiempo vuelve efímera, como los astros que contemplo ya muertos desde la ventana. Anocheció. La plaza es una neblina oscura recortada por faroles de luz amarilla que se diluyen en la hierba. La gente sigue pasando delante de mí. De pronto una sombra que se mueve acompaña desde atrás a un hombre que pasa. ¿Habrá sucedido esto con los dioses?
Hola Jorge !
Gracias por tu reflexión. Siempre tan aguda y siempre tan bien escrita.
Una honestidad insoslayable de bisturí, del escalpelo que no perdona la hipocresía ni se permite auocompasión. Denuncias con mucha razón el mal uso de la espiritualidad. «Con el credo sojuzgan»; y hoy, con la pantalla…
Sólo una palabra en defensa de los místicos, entre quienes me cuento. El motivo de la búsqueda del encuentro con la Fuente no es el éxtasis que sobreviene. Y menos aún si se lo considera como una experiencia de placer superlativo. Yo lo describiría más bien como la paz profunda del reencuentro, de «volver a casa». Disponible siempre que querramos volver a ella, a diferencia de la transitoria alegría, que depende del objeto que la provoca.
Y a tu genial remate platónico contesto: tú eres el hombre, no la sombra!!!!
Paz y luz!
El prójimo nos duele porque somos las ramas de un mismo árbol: compartimos esencia y presencia.
eduardo
3 months ago
Cuál es el componente básico de la Realidad? Para algunos, lo único real es la Materia. Para otros, lo único real es la Conciencia; LA CONCIENCIA ES PRESENCIA DEL AQUI Y AHORA, ESPIRITUAL,,MENTE!! Esn un Estado Universal de la Presencia del Creador y GRATITUD POR ESTAR VIVOS Y CONCIENTES de la Presencia Divina!!
Buenísima tu acotación Lucas!
El error quizás consista en creer que la materia es inconsciente!!!!!!
Subamos la apuesta: si nos adentramos en los descubrimientos de la Física Cuántica, podemos considerar que el «combo»; ondas de probabilidad / partículas colapsadas / conciencia agente, es una sola Unidad: CONCIENCIA.
y así permaneceríamos dentro de un verdadero NO-DUALISMO. Cuestionamos el dualismo conciencia/materia establecido por la razón conceptual, y saltamos a que TODO ES CONCIENCIA.
Hola Lucas!
Te recomiendo los libros de Amit Goswami, también podés ir a su sitio.
Fue profesor titular de Mecánica Cuántia en la Universidad de Oregon (EEUU), pero a la vez nacido en India y formado en espiritualidad de la India.
Paz y luz!
eduardo perez
4 months ago
Denominamos «metafísica» a toda afirmación que se ocupe de determinar qué es lo Real;Desde la Fisica lo Real es Cunatificable y Comprobable,, y la Metafisica se inclina por loCuantico y es Superlativo, sin alejarse de la Realidad!!,,todo esta en el Plano Divino y Sublime!!
Contemplo mi biblioteca. Es un cementerio de ideas. Sólo rescato un puñado en la historia. A Diógenes, Rimbaud, Pessoa, Cioran. Llamados malditos y trágicos; pesimistas y marginales, no se dejaron embaucar. Se sobrepusieron a la hipocresía del hombre y alertaron de cual era la dignidad. Las percepciones de Diógenes como vetas de una libertad definitiva. Certero, profundo, rebelde. Lejos de la crueldad y perversión del hombre, comprometido con una ética que aún la crónica humana no alcanzó. Nunca pudo evadirse de la realidad. La confrontó sin un ápice de imaginación.
Rimbaud fue una bocanada de sentimiento, despreció su propia vida por el valor confidencial y exacto de la percepción que lo poseía. Cada palabra con la pulcritud de un puñal que no termina de herir, porque lo que nos duele tiene la profundidad de la incomprensión y el desenfado.
Pessoa sedimentó la tristeza humana en su propio cuerpo. La aproximó a las palabras, las más acongojadas que se hayan escrito. Vivió con su experiencia el fracaso humano. No le dio crédito a sus días sabiendo del desenlace de la faena del hombre. Estoico del desgarro se constituyó en un santo sin fe. Descartó la esperanza. En su ser fundó el valor de la naturaleza anónima.
En sus testimonios Pessoa no busca explicarse. Exhuma la sensibilidad de la intimidad de su ser. Intenta definir la soledad elemental. Esa vacuidad que le impide la distracción en las cosas simples y elementales de la vida. Que lo sujeta en la sinceridad del pensamiento. Su lucha fue hallarle exactitud al paisaje de la existencia. Simplemente describirlo a través de las sensaciones. Pintarrajear el tedio que se apodera del hombre que piensa. No intentó vivir. Se abocó a observarse, a imaginarse desde su interior.
Necesito acercarme a alguien que tiemble como yo al pensar en el destino. Entonces camino en París por los jardines de Luxemburgo. Busco en cada rincón, en cada árbol, en el silencio de las estatuas, el aroma genuino de Cioran. Sé que estuvo por aquí. Contemplo las arboledas desnudas, piso las hojas herrumbrosas. Sé que en la negación también uno indaga a Dios. Quizás haya sido la gran búsqueda de él, a pesar de su agnosticismo y de convertirse en un gran contrincante de la fe. Quizás nadie haya necesitado a Dios tanto como Cioran. Dudo de la existencia divina cuando ante la sinceridad de quien lo denuesta y lo combate siga ausente. O no evidencie ningún resquicio que lo aleje del amparo en el misterio. Un demiurgo debería saber presentarse ante sus panfletarios y no alentar a los aduladores. Perdonar que el nivel de nuestra conciencia no permita ni la negación ni la aceptación. Somos un pensamiento positivo porque existe el negativo. Al no poder salir de él para una auto-referencia, la ficción es el juicio que atañe a la condición ostentada.
No se llega a Dios por la «fe», sino por la certeza. Y Dios no está ausente! Está presente en todo como la VIDA que se manifiesta en formas que aparecen y desaparecen, pero la VIDA continúa. A veces no encontramos a Dios simplemente porque éste no coincide con la imagen que nos creamos de él (muy influenciada por las religiones) . Cambia tu imagen de Dios y Lo empezarás a ver por todas partes.
¿Es que acaso hay una alternativa para comparar con Dios? ¿Podríamos, si fuera ese el caso, elegir?
En nombre de la Existencia yo declaro que Soy con «Eso» y en «Eso» que Es y que no hay manera de que pueda salirme de allí.
Yo creo que a Dios se lo experimenta, para cambiar la idea variopinta que tenemos de lo que se dice de Dios.
A Dios, para mi, se lo observa sin agregarle ningún atributo porque de Él venimos y a Él regresamos, sin haber salido nunca de Él, lo cuál me confirma la calidad de sueño que tiene la experiencia de este plano.
Querido Rubén:
Es un placer leerte, pues vos hablás con el lenguaje paradójico de los místicos («De Él venimos y a Él regresamos, sin haber salido nunca de Él»), describiendo una experiencia, más que un «conocimiento» discursivo. Que sólo otro místico puede entender.
«Lo cuál me confirma la calidad de sueño que tiene la experiencia de este plano»: a ver si entiendo lo que querés decir: este plano tendría la característica de ser una realidad que depende para su existencia de otra realidad (Dios, el soñador), la cual a su vez se autosustenta, o sea no requiere de otra realidad para existir (eso sería propiamente la definición de lo que llamamos «Dios»).
La filosofía Advaita de la India lo denomina «mâyâ», que significa «magia». Este plano sería la magia del Gran Mago, que saca cosas perecederas pero maravillosas de su galera de SER.
Gracias Rubén!
Yo digo que la experiencia de este plano es un sueño porque tiene fecha de caducidad, en cambio la Eternidad, que convive con nosotros, sin que nos demos cuenta, esa sí que es la Realidad.
Esta vida que, a manera de vector, nos conduce horizontalmente desde un principio a un fin en el tiempo, no puede ser mas que malabar y magia.
¿Qué quién juega? ¡El juego mismo! ¡Que juega a que juega…solamente por jugar!
Maestro!
Espero que estés anotando tus reflexiones metafísicas en un cuadernito, con vistas a publicar un libreo en el futuro!
Acoto una definición de juego para apoyar tus dichos: «Juego es una actividad que no tiene otro fin que sí misma.»
Cuando una actividad tiene una finalidad que no es la propia actividad (por ejemplo, ganar dinero), deja de ser un juego.
O cuando el objetivo es ganarle al adversario, también se pierde el carácter lúdico (por ejemplo en los partidos de fútbol)
Bendiciones!!!
Nadie como el agotado, postrado, indefenso, vencido, pide con tanta vehemencia. Nadie como el pobre necesita de los mitos. Se ata a ellos por fatalidad, menos por convicción, mucho menos por lujuria. Por éxtasis lo hacen los místicos. Los únicos que lo hacen por interés son los poderosos. Con el credo sojuzgan. La necesidad de seguir siendo se aposenta sobre los débiles y hablan por su sangre de justicia, por el hambre de la carne. Entre ellos y el no-ser la religión desató la esperanza y dejó las ruinas. Una condescendencia para aceptar el patíbulo con placer. Es el objeto que les queda a los promesantes para suspirar una vez más. Aunque sea el último antes de caer olvidado, sabiendo que es la condición de este espectáculo que llamamos existencia.
Tengo sed de aburrimiento: la acedia de los monjes y eremitas; la melancolía del hombre. La definición estriba en la aceptación del monje a la reclusión en su propio ámbito, en la profundidad de los monasterios, en la necesidad de ser el propio silencio estacionado en los rincones y en las galerías. Afonía ocupando lo lúgubre de las piedras donde parece abrirse paso entre sus grietas, llegando desde los siglos más remotos. Entonces los monjes ocupan el espacio rodeado de mutismo, quien ora con ellos; prisioneros que intentan sepultar a la existencia reverenciando las profecías.
¿Cómo ayudar al que no se conoce? Qué cosa terrible es el prójimo que nos duele. El prójimo es una instancia fortuita y su ayuda una extraña inexactitud. Ni siquiera los sentidos de comprensión puestos a su estado, ni la suprema voluntad cuentan con la precisión que se necesita. El sufrimiento se instala en la carne, en la sangre, en la ebullición de las sienes, en el reflejo de los ojos, en cada partícula de nuestra humanidad. Éste se aposenta y perdura como una garra. En cambio, la alegría se sedimenta apenas un instante en nuestro cuerpo. Luego escapa. Se evade hasta desaparecer y quedar ocre en el pasado. Nada hay tan paradójico como una alegría que no se pueda recuperar y que el tiempo vuelve efímera, como los astros que contemplo ya muertos desde la ventana. Anocheció. La plaza es una neblina oscura recortada por faroles de luz amarilla que se diluyen en la hierba. La gente sigue pasando delante de mí. De pronto una sombra que se mueve acompaña desde atrás a un hombre que pasa. ¿Habrá sucedido esto con los dioses?
Hola Jorge !
Gracias por tu reflexión. Siempre tan aguda y siempre tan bien escrita.
Una honestidad insoslayable de bisturí, del escalpelo que no perdona la hipocresía ni se permite auocompasión. Denuncias con mucha razón el mal uso de la espiritualidad. «Con el credo sojuzgan»; y hoy, con la pantalla…
Sólo una palabra en defensa de los místicos, entre quienes me cuento. El motivo de la búsqueda del encuentro con la Fuente no es el éxtasis que sobreviene. Y menos aún si se lo considera como una experiencia de placer superlativo. Yo lo describiría más bien como la paz profunda del reencuentro, de «volver a casa». Disponible siempre que querramos volver a ella, a diferencia de la transitoria alegría, que depende del objeto que la provoca.
Y a tu genial remate platónico contesto: tú eres el hombre, no la sombra!!!!
Paz y luz!
El prójimo nos duele porque somos las ramas de un mismo árbol: compartimos esencia y presencia.
Cuál es el componente básico de la Realidad?
Para algunos, lo único real es la Materia.
Para otros, lo único real es la Conciencia; LA CONCIENCIA ES PRESENCIA DEL AQUI Y AHORA, ESPIRITUAL,,MENTE!! Esn un Estado Universal de la Presencia del Creador y GRATITUD POR ESTAR VIVOS Y CONCIENTES de la Presencia Divina!!
Gracias Eduardo
Poder ser conscientes de la Presencia Divina es un privilegio de los humanos, y que desaprovechamos….
Gracias Eduardo
Poder ser conscientes de la Presencia Divina es un privilegio de los humanos, y que desaprovechamos….
Los algunos le están dando la mano a los otros: La materia es conciencia! 🙂
Buenísima tu acotación Lucas!
El error quizás consista en creer que la materia es inconsciente!!!!!!
Subamos la apuesta: si nos adentramos en los descubrimientos de la Física Cuántica, podemos considerar que el «combo»; ondas de probabilidad / partículas colapsadas / conciencia agente, es una sola Unidad: CONCIENCIA.
y así permaneceríamos dentro de un verdadero NO-DUALISMO. Cuestionamos el dualismo conciencia/materia establecido por la razón conceptual, y saltamos a que TODO ES CONCIENCIA.
Vamos todavía Lucas!!!
Que libro me recomendarías para esos temas (Combo) que nombrás de Física Cuántica? Gracias 🙂
Hola Lucas!
Te recomiendo los libros de Amit Goswami, también podés ir a su sitio.
Fue profesor titular de Mecánica Cuántia en la Universidad de Oregon (EEUU), pero a la vez nacido en India y formado en espiritualidad de la India.
Paz y luz!
Denominamos «metafísica» a toda afirmación que se ocupe de determinar qué es lo Real;Desde la Fisica lo Real es Cunatificable y Comprobable,, y la Metafisica se inclina por lo Cuantico y es Superlativo, sin alejarse de la Realidad!!,,todo esta en el Plano Divino y Sublime!!
Ja ja gracias Eduardo! Siempre superlativo!!!