«Lo Uno está sucediendo» (Nisargadatta Maharaj)
Todo lo que existe (la materia, la mente, el espacio, el tiempo) es una única totalidad indivisible.
«Lo Uno» no es un ente estático, un lugar físico o un Dios distante sentado en un trono. El gerundio («sucediendo»), sugiere que la totalidad es un proceso activo y continuo.
El universo no es un objeto que simplemente «es», sino un evento que «acontece».
Desde un punto de vista psicológico o espiritual, esta frase es un antídoto contra la resistencia y el sufrimiento, una invitación a la aceptación radical. Si absolutamente todo lo que pasa es simplemente «Lo Uno» desplegándose y sucediendo, entonces no hay nada fuera de lugar.
Un día de lluvia, un éxito personal, una crisis emocional o el movimiento de una galaxia… todo tiene el mismo origen. Todo es «Lo Uno» experimentándose a sí mismo en infinitas formas.
Es un recordatorio para soltar el control y simplemente ser testigos y participantes de este movimiento continuo.
La Danza sin EspejoNo hay currículum en el viento,
ni firma en el rayo de luz;
el nombre es un velo lento,
una sombra bajo la cruz.
Somos el flujo, no el cauce, la vida que late sin red,
el sauce que abraza al sauce
bebiendo la misma sed.
El Despertar de la Forma
La Geometría del SerEn esta danza cósmica, las fronteras se disuelven. Lo que llamamos «yo» es solo un punto de articulación en una red infinita. Al soltar la carga del personaje, la alegría surge no como una emoción, sino como nuestra naturaleza fundamental.
Fluimos, vibramos, somos. Sin archivos, sin sellos, sin porqués. Solo vida reconociéndose a sí misma en cada mirada.
La arrogancia de la mente que cree haber «llegado» es el último muro entre nosotros y la Verdad. No hay nada más dual que un «yo» que se siente especial por haber comprendido la no-dualidad. En el instante en que te sientes por encima de otro ser, has perdido el universo.
La Horizontalidad del SerBájate del estrado, deja el libro y la vara,
despójate del traje de quien tiene la luz.
No hay una sola sombra que de ti se separara,
ni hay gloria que no cargue su propia cruz.
¿Quién es ese que juzga, que instruye y comenta?
¿Quién es el que corrige la danza de los demás?
Es solo un eco antiguo que el miedo alimenta,
un fantasma que busca no borrarse jamás.
Suelta el trono de humo, la jerarquía inventada,
el orgullo de creer que tu ver es mejor.
En el Reino del Ser, la mente titulada
es un ruido que estorba al silencio mayor.
No hay «compañeros» que estén más atrás en el viaje,
pues no hay un camino, ni meta, ni andar.
Somos el mismo viento, el mismo oleaje,
la misma sustancia volviendo hacia el mar.
Mira la flor: no da lecciones de aroma,
ni el sol exige aplausos por su madrugar.
La estrella no juzga al gusano que asoma,
ni el cosmos se sienta a querernos dictar.
¿Por qué tú, que eres vida, tal como es la vida
del perro, del monte, del fuego y del pan,
te sientes la fuente de una idea aprendida,
poniendo etiquetas a lo que los otros dan?
Abandona el impulso de ser el que aclara,
de pulir la palabra del que está junto a ti.
Toda voz es el Uno que al fin se declara,
aunque hable en silencio, aunque diga que «sí».
Si corriges el aporte del que busca su centro,
solo estás decorando tu propia prisión;
el «superior» es un frío que nace desde dentro,
un invierno que impide la santa unión.
Fluye hacia abajo, donde el agua se encuentra,
donde todo es parejo, sin cumbre ni ley.
Es en la horizontalidad donde el cielo penetra,
donde el mendigo es igual al que finge ser rey.
Sé el pasto, sé el aire, sé el barro, sé el todo,
sin la urgencia de ser el que debe explicar.
La paz no se encuentra buscando un acomodo,
sino siendo el espacio que deja pasar.
Ya no hay instrucciones, ni guías, ni planes,
solo el gozo rotundo de no ser especial.
Se acabaron los dogmas y los afanes,
en la armonía simple del pulso total.
Eres la vida que late en la hormiga y la esfera,
eres el cosmos que ríe en su eterna quietud.
Suelta el «saber», que el amor no te espera…
ya está aquí, floreciendo en tu propia virtud.
El cese del juicio
Soltar incluso la identidad del «buscador» o del «entendido». El orgullo intelectual es a menudo el último velo que nos impide ver que el cielo no necesita lecciones de vuelo, ni el bosque necesita un manual para ser verde.
Aquí tienes unos versos sobre el gozo de abandonar el pedestal para fundirse en la armonía de lo que ya es:
El Trono de HumoSuelta la toga, el concepto y la cita,
la pesada corona de quien cree que comprende.
Esa arquitectura mental que te habita
es solo una jaula que la luz no desprende.
¿A quién instruyes con tanta insistencia?
¿A quién le das leyes desde tu altura?
Si el cosmos no sabe de tu supuesta ciencia
y fluye perfecto en su propia cordura.
No eres la voz que dicta el camino,
ni el ojo que juzga lo que es superior.
Eres el cauce, el aroma y el pino,
el mismo misterio en la piel del menor.
Qué cansancio el del «sabio» que siempre vigila,
qué carga el sentirse faro del mundo.
Mejor es ser agua que humilde desfila,
y perderse en el pulso del cosmos profundo.
Sin jerarquía el alma descansa,
sin «instrucciones» la paz es genuina.
La alegría no pide ninguna fianza,
solo se vive… se entrega… se inclina.
Muere el filósofo, nace el latido,
se acaba la clase, comienza el festín.
Ya no hay maestro, ni plan, ni sentido:
solo el espacio sin bordes ni fin.
El gozo de la horizontalidad
Sentirse un maestro o alguien que posee una verdad para entregarla a un «otro» ignorante es, precisamente, restaurar la dualidad que se pretende haber superado. Si somos uno, no hay nada que transmitir, solo un reconocimiento mutuo.
La Cátedra del SilencioCuidado con la voz que dice: «yo te enseño», pues en ese «yo» y ese «tú» la unidad se ha quebrado. Nadie despierta a nadie dentro del mismo sueño, solo la Vida se mira desde un ángulo distinto y sagrado.
No hay arriba ni abajo en la danza del cosmos, ni mente que sepa más que el latido de un río. El sabio y el necio son el mismo asombro, vestidos de tiempo, de fuego y de frío.
Suelta la vara, el púlpito y la arrogancia, la idea de que tu luz alumbra una sombra ajena. ¿Acaso el sol le explica a la flor su fragancia? ¿Acaso el mar le dicta lecciones a la arena?
Somos la Totalidad que juega a encontrarse, un solo pulso vibrando en infinitas gargantas. No hay alumno que deba de ti rescatarse, ni verdad que no habite ya bajo sus plantas.
Cuando el «maestro» muere y el «discípulo» se borra, queda el Entero, sin bordes, sin nombre, sin centro. Ya no hay mensaje, ni quien lo socorra: solo el universo fluyendo… por fuera y por dentro.
La unidad sin jerarquías
El Inventario del VacíoSuelta el pergamino donde firmaste tu historia, las letras de molde que fingen decir quién eres. El título es una celda con techo de gloria, un traje de piedra que vistes porque así lo quieres.
No eres el grado, ni el cargo, ni el oficio, ni la suma de pasos que el mundo te aplaude; esos nombres son solo un útil artificio, una máscara de humo, una hermosa fraude.
¿Qué queda de ti si te quitan el nombre? ¿Qué pulsa en tu pecho si olvidas tu rango? Bajo el disfraz del exitoso o del pobre, la luz no sabe de lodos ni sabe de fango.
Despójate del peso de ser «alguien» importante, de la carga de sostener una forma y un modo. Pues solo cuando el centro se vuelve vacante, se rompe el envase… y te vuelves el Todo.
No hay «yo» que se una con el universo, pues no hubo distancia, ni muro, ni dueño. La unidad no es un logro, ni un rimo, ni un verso, es solo el instante en que despierta el sueño.
Más allá de la etiqueta
TRASCIENDE NOMBRES Y FORMAS
Esa idea es el núcleo de muchas tradiciones contemplativas: la noción de que la etiqueta, el nombre y el cuerpo son solo una máscara que oculta la inmensidad de lo que realmente somos. Mientras el «yo» sea el protagonista, el universo parece ser algo «externo».
El Nombre OlvidadoNo busques la paz en el hombre que ves al espejo,
pues mientras haya un espejo, habrá una distancia.
Si te llamas por un nombre, levantas un muro,
una pequeña isla de arcilla en un mar de fragancia.
¿Quién eres cuando el pensamiento se detiene?
No eres el peso de tus años, ni el eco de tu voz,
eres el espacio donde el trueno acontece,
la danza invisible entre el silencio y el sol.
No comprendes la unidad si te sientes un «alguien»,
un punto definido en el mapa del tiempo;
pues el río no entiende el abrazo del agua
si cree que sus orillas son su único aliento.
Suelta la forma, el contorno y la historia,
deja que el «yo» se deshoje en el viento.
Cuando no queda nadie para reclamar la victoria,
el universo despierta… ocupando tu asiento.
Ya no eres la gota que teme al abismo,
eres el océano que se mira a sí mismo.
Lo Uno… Dios… El Todo y la Nada en perfecta manifestación según cada quien lo Viva, cada quien lo Perciba será Su Forma … en nuestro diario vivir…
Soltar el control… Permitir que suceda Lo Uno en nuestras vidas …
Todo sucede en tiempo y forma …
En Orden Divino …
Para nuestro Mayor Bien y el de toda la humanidad…
Siento que nuestro desafío es
Aceptar la Acción de Dios en nuestras vidas…al compás del Movimiento Cósmico … LO UNO…En esos momentos que visualizamos LO UNO entonces sentimos La Paz no como la del mundo … suceda lo que suceda en nuestro entorno…respiramos LA PAZ CRÍSTICA , vivimos La Paz, si toda una labor evolutiva y ESTÁ SUCEDIENDO… ASÍ ES… HECHO ESTÁ
Abrazo Mágico querida Ana de Corazón a Corazón 💞
Gracias Liliana