Se necesita encarar una nueva forma de ver lo real. Incorporar los principios que hacen a lo aleatorio de todo el cosmos, crear una ética que acepte la diferencia, que no modele la voluntad de los otros, sino que la incluya. No basta con recuperar una moral pasada. Es necesario agregar a la razón una ética basada en la libertad y una espiritualidad que conduzca al “fervor del prójimo”. Debemos rechazar lo que somos para poder cambiar.
🌼Hermosa y exigente utopia la de Jorge T. Y me consta que él la aplica a su propia vida, ejemplo de desinterés y de amor al prójimo.
Sólo no sería tan drástica con lo de “rechazar lo que somos”. Suavizando un poco, diría “trascender” lo que somos, conservando y superando lo aprendido.🌼
Aquí agregaría mi escepticismo respecto al concepto de «aleatoriedad» que incluso le atribuyes al Universo. Si aceptamos el concepto de aleatoriedad o azar en el Universo, debemos entonces descartar el concepto de una Inteligencia Suprema rigiendo todo. Qué es el azar? Es suponer que ocurre un acontecimiento sin que haya causa alguna que lo provoque.
Yo más bien me inclino a pensar que llamamos «aleatorio» a un acontecimiento del cual DESCONOCEMOS las causas, pero no que carezca de ellas.
Gracias por desafíos a pensar! 🙂
Jorge Alfredo Lowenstein
1 month ago
Que es la felicidad?
Un estado de equilibrio entre el cuerpo y el espiritu.
Es sensación de plenitud, de bienestar físico y psíquico , Es armonía del cuerpo y alma
Pero también puede ser sentirse vivo , conectado con la naturaleza
Es ausencia de sufrimiento?
Es afecto, es amor, es gratitud , es compartir
Es encontrar propósitos.
Es conexión con el otro o el diálogo con lo divino como tiene certeza Ana
No hablamos de dinero ni de posesiones. Es disfrutar lo poco o lo mucho que se tiene.
Es darse cuenta que la vida es un milagro .
Jorge Trainini
1 month ago
La civilización se edificó sobre sus propias ruinas. La violencia entre los hombres en todos los tiempos fue consolidando esa curva de las sociedades triunfantes que consideramos ascendente y cuyo “progreso” defendemos ardorosamente. En nombre de dicho “progreso” hemos acuñado prototipos de violencia e injusticias. De hombres y pueblos cuyo poder, superior a los demás, les permitió avanzar sobre las geografías físicas y las libertades humanas. La sociedad proclama a los vencedores. A aquellos que vulneran los límites, a expensas de cualquier sacrilegio sobre sus ocupantes. Saqueos, perversiones, despojos y muertes quedan en el olvido de las jornadas de fuego contra los propios mortales. El hombre mata por el credo y la libertad. Se apropia de las posibilidades de otros semejantes a despecho de creer sólo en sus convicciones. Es el ejemplo que destila la historia. Los pueblos guerreros y violentos terminan usurpando la gloria y el poder. Volviendo ley la injusticia. No basta la creencia en la solidaridad y la entrega. Son anécdotas en las que el poder descree y desprecia. Sólo la fuerza empleada para vencer al otro termina imponiendo las condiciones. La humanidad se divide entre vencedores y vencidos. La razón, la sensibilidad, el realismo poético, el amor al prójimo, han sido declamaciones oportunistas. El hombre aún no ha llegado a imponer ni la justicia ni el afecto. A través de la hipocresía se utilizan estos actos -de la más elevada espiritualidad humana- con el solo fin de no desnudar la inconsciencia de lo animal puro.
El hombre que razona con su corazón es un ser desmerecido y castigado. En última instancia es el poder quien impone la fuerza por sobre la ideología basada en la razón o por lo menos en la palabra y el consenso. Tampoco el poder asegura su continuidad si no se asienta en su fortaleza física, si se amilana ante los débiles-racionales. Una flaqueza en el “estilo” le mina las condiciones sobre las que asienta la conveniencia de ese estado de privilegio. El poder en su acción mimetiza la conducta de sus miembros. Se transforma en un dogma. Actúa como un cuerpo único y sorprendente, capaz, sin dilación, de ejecutar el acto necesario para su interés.
El poder no duda. No puede darse esa dignidad o estima. El mensaje hacia los indecisos o contrarios a ese poder, determina en su accionar, la ejecución del temor como arma. Si con la intimación no resulta efectivo el siguiente paso reside en la contundencia del poder. El oprobio físico. El hombre que duda es un disminuido en esta situación. No hay confrontación posible con el diálogo. La palabra y la reflexión equilibran a los seres humanos. Los vuelven simétricos. Y el poder necesita asimetría. En eso reside su matriz. Busca con el temor y la propaganda infundir sus códigos. Desnaturaliza toda nivelación dada por la inteligencia del pensamiento volcado a la duda, a la interrogación, a la palabra. Contradictorio es pensar que el mayor sufrimiento del hombre ha sido su adscripción a la duda. Es alejarlo de la risa amarga de la ignorancia.
El andamiaje del poder avanza sobre los hombres en beneficio de una “elite”. Desperdicia a los que son contrarios a sus convicciones por más débiles que se presenten y por más humildes que presenten sus intenciones. El poder también ve tambalear sus cimientos cuando los que se oponen avanzan sin otro interés que la convicción de sus razones. Así le sucedió al Imperio Romano. Combatió contra todas las fuerzas en cada momento de su esplendor. Transformó al Mediterráneo en un lago romano, pero se derrumbó al mezclarse con la cultura de los pueblos, a los cuales había vencido. La convicción de los cristianos fue el golpe final. La utopía se impuso a la fuerza, por más quimérica que fuera su presencia, simplemente por la duda a la que los romanos se sometieron.
Coincido con la opinión de que el afecto hacia el prójimo que, ni siquiera tengo que conocer, es la llave de la felicidad.
así es, el hombre sin espíritu, muestra sus peores defectos, y solo puede ser mejor con solo dos mandamientos, porque si logra amar al projimo como a sí mismo, descubrirá que amará a Dios por sobre todas las cosas, gracias por los comentarios tan interesantes
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Se necesita encarar una nueva forma de ver lo real. Incorporar los principios que hacen a lo aleatorio de todo el cosmos, crear una ética que acepte la diferencia, que no modele la voluntad de los otros, sino que la incluya. No basta con recuperar una moral pasada. Es necesario agregar a la razón una ética basada en la libertad y una espiritualidad que conduzca al “fervor del prójimo”. Debemos rechazar lo que somos para poder cambiar.
Hola Jorge T.!
En el chat te contesté esto:
🌼Hermosa y exigente utopia la de Jorge T. Y me consta que él la aplica a su propia vida, ejemplo de desinterés y de amor al prójimo.
Sólo no sería tan drástica con lo de “rechazar lo que somos”. Suavizando un poco, diría “trascender” lo que somos, conservando y superando lo aprendido.🌼
Aquí agregaría mi escepticismo respecto al concepto de «aleatoriedad» que incluso le atribuyes al Universo. Si aceptamos el concepto de aleatoriedad o azar en el Universo, debemos entonces descartar el concepto de una Inteligencia Suprema rigiendo todo. Qué es el azar? Es suponer que ocurre un acontecimiento sin que haya causa alguna que lo provoque.
Yo más bien me inclino a pensar que llamamos «aleatorio» a un acontecimiento del cual DESCONOCEMOS las causas, pero no que carezca de ellas.
Gracias por desafíos a pensar! 🙂
Que es la felicidad?
Un estado de equilibrio entre el cuerpo y el espiritu.
Es sensación de plenitud, de bienestar físico y psíquico , Es armonía del cuerpo y alma
Pero también puede ser sentirse vivo , conectado con la naturaleza
Es ausencia de sufrimiento?
Es afecto, es amor, es gratitud , es compartir
Es encontrar propósitos.
Es conexión con el otro o el diálogo con lo divino como tiene certeza Ana
No hablamos de dinero ni de posesiones. Es disfrutar lo poco o lo mucho que se tiene.
Es darse cuenta que la vida es un milagro .
La civilización se edificó sobre sus propias ruinas. La violencia entre los hombres en todos los tiempos fue consolidando esa curva de las sociedades triunfantes que consideramos ascendente y cuyo “progreso” defendemos ardorosamente. En nombre de dicho “progreso” hemos acuñado prototipos de violencia e injusticias. De hombres y pueblos cuyo poder, superior a los demás, les permitió avanzar sobre las geografías físicas y las libertades humanas. La sociedad proclama a los vencedores. A aquellos que vulneran los límites, a expensas de cualquier sacrilegio sobre sus ocupantes. Saqueos, perversiones, despojos y muertes quedan en el olvido de las jornadas de fuego contra los propios mortales. El hombre mata por el credo y la libertad. Se apropia de las posibilidades de otros semejantes a despecho de creer sólo en sus convicciones. Es el ejemplo que destila la historia. Los pueblos guerreros y violentos terminan usurpando la gloria y el poder. Volviendo ley la injusticia. No basta la creencia en la solidaridad y la entrega. Son anécdotas en las que el poder descree y desprecia. Sólo la fuerza empleada para vencer al otro termina imponiendo las condiciones. La humanidad se divide entre vencedores y vencidos. La razón, la sensibilidad, el realismo poético, el amor al prójimo, han sido declamaciones oportunistas. El hombre aún no ha llegado a imponer ni la justicia ni el afecto. A través de la hipocresía se utilizan estos actos -de la más elevada espiritualidad humana- con el solo fin de no desnudar la inconsciencia de lo animal puro.
El hombre que razona con su corazón es un ser desmerecido y castigado. En última instancia es el poder quien impone la fuerza por sobre la ideología basada en la razón o por lo menos en la palabra y el consenso. Tampoco el poder asegura su continuidad si no se asienta en su fortaleza física, si se amilana ante los débiles-racionales. Una flaqueza en el “estilo” le mina las condiciones sobre las que asienta la conveniencia de ese estado de privilegio. El poder en su acción mimetiza la conducta de sus miembros. Se transforma en un dogma. Actúa como un cuerpo único y sorprendente, capaz, sin dilación, de ejecutar el acto necesario para su interés.
El poder no duda. No puede darse esa dignidad o estima. El mensaje hacia los indecisos o contrarios a ese poder, determina en su accionar, la ejecución del temor como arma. Si con la intimación no resulta efectivo el siguiente paso reside en la contundencia del poder. El oprobio físico. El hombre que duda es un disminuido en esta situación. No hay confrontación posible con el diálogo. La palabra y la reflexión equilibran a los seres humanos. Los vuelven simétricos. Y el poder necesita asimetría. En eso reside su matriz. Busca con el temor y la propaganda infundir sus códigos. Desnaturaliza toda nivelación dada por la inteligencia del pensamiento volcado a la duda, a la interrogación, a la palabra. Contradictorio es pensar que el mayor sufrimiento del hombre ha sido su adscripción a la duda. Es alejarlo de la risa amarga de la ignorancia.
El andamiaje del poder avanza sobre los hombres en beneficio de una “elite”. Desperdicia a los que son contrarios a sus convicciones por más débiles que se presenten y por más humildes que presenten sus intenciones. El poder también ve tambalear sus cimientos cuando los que se oponen avanzan sin otro interés que la convicción de sus razones. Así le sucedió al Imperio Romano. Combatió contra todas las fuerzas en cada momento de su esplendor. Transformó al Mediterráneo en un lago romano, pero se derrumbó al mezclarse con la cultura de los pueblos, a los cuales había vencido. La convicción de los cristianos fue el golpe final. La utopía se impuso a la fuerza, por más quimérica que fuera su presencia, simplemente por la duda a la que los romanos se sometieron.
Coincido con la opinión de que el afecto hacia el prójimo que, ni siquiera tengo que conocer, es la llave de la felicidad.
así es, el hombre sin espíritu, muestra sus peores defectos, y solo puede ser mejor con solo dos mandamientos, porque si logra amar al projimo como a sí mismo, descubrirá que amará a Dios por sobre todas las cosas, gracias por los comentarios tan interesantes