«Dios viene disfrazado hacia ti de tu propia vida.» (Paula d’Arcy)
Esta frase intenta derribar el mito de la separación entre lo sagrado y lo profano.
Solemos imaginar lo divino como algo distante, inalcanzable o reservado para momentos de profunda meditación, revelaciones místicas o espacios sagrados. Pasamos el tiempo «buscando» la trascendencia como si fuera un destino al que hay que llegar. Esta frase nos sacude para decirnos que lo Absoluto no está en otro lado; está tan cerca que lo pasamos por alto.
La verdadera espiritualidad no consiste en escapar de la realidad, sino en habitarla plenamente. La Presencia se manifiesta en lo ordinario: en el asombro ante la Naturaleza, en los vínculos que nos unen, en los desafíos, incluso, aunque no nos guste, en un dolor físico y, silenciosamente, en la biología que nos sostiene.
Todo es lo divino experimentando la finitud.
El Espejo Sin Marco: Un Ensayo sobre la Naturaleza de la No DualidadLa historia del pensamiento humano ha estado marcada, en su gran mayoría, por una división fundamental: la separación entre el sujeto que percibe y el objeto percibido. Esta estructura dualista es la base del lenguaje, de la lógica tradicional y de nuestra identidad cotidiana. Sin embargo, existe una perspectiva —presente en las tradiciones más profundas de la sabiduría antigua y redescubierta por la filosofía contemporánea— que sugiere que esta división es una ilusión óptica de la conciencia. Esta perspectiva es la no dualidad.
La Disolución de la Frontera CentralEl núcleo de la visión no dual sostiene que el «yo» y el «mundo» no son dos entidades separadas que entran en contacto, sino una sola realidad expresándose de múltiples formas. Habitualmente, sentimos que somos un observador situado «detrás de los ojos», mirando un universo que está «allí afuera». La no dualidad propone que esta frontera es puramente conceptual.
Cuando se elimina el filtro del pensamiento discursivo, lo que queda no es un vacío, sino una unidad indivisible. En esta experiencia, el sonido de la lluvia no es algo que «yo» escucho; es simplemente una vibración en la conciencia donde no hay separación entre el oyente y lo oído. La conciencia no es un recipiente que contiene objetos, sino el tejido mismo del que están hechos todos los fenómenos.
La Identidad entre lo Absoluto y lo ManifiestoUn aspecto crucial de este enfoque es la relación entre la esencia de la realidad y su apariencia física. A menudo se comete el error de pensar que la no dualidad implica negar el mundo material o considerarlo una nada absoluta. Por el contrario, la verdadera comprensión no dual afirma que la totalidad se manifiesta como el mundo.
No hay una realidad «sagrada» oculta detrás de una realidad «profana». La silla, el árbol, el pensamiento que cruza la mente y la galaxia más lejana son ondulaciones del mismo océano de existencia. Lo absoluto no es algo que se encuentra al final de un camino, sino la naturaleza misma de cada paso. En este sentido, la dualidad es simplemente una forma en la que la unidad se organiza para experimentarse a sí misma desde ángulos aparentemente distintos.
El Despertar a lo Siempre PresenteQuizás el punto más radical de esta filosofía es que la no dualidad no es un estado que deba ser fabricado o alcanzado mediante el esfuerzo. Si la realidad es una, ya somos esa unidad en este preciso instante. El esfuerzo por «llegar» a la no dualidad suele ser el mayor obstáculo, ya que refuerza la idea de un «yo» que busca algo que no tiene.
El despertar no dual es, por tanto, un acto de sustracción y no de adición. Es el reconocimiento de que la distinción entre el experimentador y la experiencia ha sido siempre una etiqueta impuesta sobre una realidad fluida. Al caer esta etiqueta, la vida deja de ser algo que «nos sucede» para convertirse en algo que somos.
En conclusión, la no dualidad ofrece una alternativa al aislamiento del individuo moderno. Al reconocer que la conciencia y la existencia son una sola tela, el miedo a la otredad y la sensación de separación se disuelven. No se trata de alcanzar un paraíso lejano, sino de comprender que el brillo del sol en el agua y la consciencia que lo percibe son, en última instancia, el mismo fenómeno luminoso.
NO HAY DIOS QUE VIENE, SOMOS DIOS, TODO LO ES, TODO ES VIDA
La Danza sin EspejosNo hay dos donde el vacío habita, pero sobran rostros donde el «yo» se agita.
¿De qué sirven los nombres, los marcos, los grados,
si son solo velos de sueños pasados?
El currículum es un muro, la foto una celda, mientras el alma, sedienta, de etiquetas se enferma.
Quien se pasa la vida dictando y corrigiendo,
se pierde el milagro de lo que está sucediendo.
La Verdad del Transcurrir¿Has visto a la flor presumir su fragancia?
¿O al sol exigir un altar por su estancia?
La naturaleza solo es, sin esfuerzo ni juicio, el río no busca del mar el beneficio.
Somos la vida que corre, sin dueños ni nombres,
más allá de las sombras que inventan los hombres.
Unión fluida, sin orilla ni centro, el universo afuera es el mismo de adentro.
Somos el Universo que transcurre. Sin más títulos que el latido, ni más currículum que el presente.
Me pasó varias veces cuando usaba anteojos, buscarlos desesperadamente y los tenia puestos
Cuando pensamos en “ Dios “ miramos al cielo y en realidad deberíamos mirar adentro de nuestro tórax : la respuesta esta en nuestros corazones.
Sí:en la India se menciona el mismo ejemplo con la mujer que busca por todos lados el collar que tiene puesto. O el ciervo almizcle que busca deseperado la fuente de ese aroma delicioso que huele y que proviene de su propio cuerpo.
O ese cuento infantil de los personajes que recorren el mundo buscando un tesoro que soñaron, que resulta que está enterrado en el propio jardín.
Ojalá nuestros académicos y eruditos volvieran a la simpleza de buscar el Ser en sí mismos.
Gracias Jorge