“El asombro y no la duda está en la raíz de todo conocimiento.” (Abraham Yeoshua Heschel, Polonia, 1907-1972)
«Nuestro objetivo debería ser vivir en estado de asombro radical… Levantarnos a la mañana y mirar al mundo de modo de no dar nada por sentado. Ser espiritual es vivir asombrado.”
Qué opinas de esta cita? Te invito a confrontarla con las opiniones de Aristóteles. Descartes y Borges, para quienes la duda es el motor del conocimiento.
Cómo interpretas la imagen que ilustra esta cita?
La duda mantiene la esperanza. Es un refugio donde el desenlace existencial parece oculto. Y esta ignorancia mantiene la placidez en un último nivel para alejar la lucidez que ostentamos cuando no hallamos sentido existencial a esto que llamamos humanidad. La conciencia llegó en su evolución hasta la duda. Esta es nuestra última estación antes de ingresar a la desesperación de la ignorancia o abrazarnos a las fantasías. Solo la lucidez permite atravesar este periplo llevando la dignidad del desconocimiento. La conciencia es llevadera sin su tragedia en que se tiene verdadera realidad del destino.
Entre el escepticismo y la ignorancia de su sentido, el ser opta por la duda. Le deja una última jugada a su ilusión. Es una oportunidad que lo abriga ante la decepción y la ignominia de su ignorancia. El agnóstico se desnuda ante su incapacidad. El lúcido llega a un puerto sin amarras donde su conciencia ya no tiene un rumbo. Solo carga con su límite de inteligibilidad y solo le queda la ética para atemperar su ánimo. Para esta conciencia relativa “todo es nada” y en este estado más probable estriba la propia fuerza, la de no sentirse engañado por las quimeras.
Hay que vivir dentro de la ordinarez de esta vida, soportar la existencia, pero no renunciar a la transparencia ética que nos queda en nuestra conciencia. Por lo general, nuestra inteligencia alcanza para competir con los vivientes. Ahí se acaba. Pareciera que todos sobramos y nada de lo que hagamos nos retira de la tragedia. Ni la desesperación sirve, solo la contemplación quieta de lo que somos para comprender la nada que nos invade, nos rodea y quita el sentido de estar. Si para algo sirve la conciencia que ostentamos es para asimilar que la existencia es un acto ético referido al prójimo.
Dos caminos para salir de la tragedia existencial;
1) salir de la ignorancia acerca de nuestra propia naturaleza (NO-Dualismo)
2) La ética respecto al prójimo
El hombre finge una vida en forma casi inconsciente. Apenas, en breves lapsos, advierte de su situación existencial. Entonces huye hacia delante, copado de mundanidad, embriagado de lenitivos que son irremediablemente ilusiones. Quizás por eso la vida humana se vuelve fragmentaria. El objetivo es alejarse de la revelación del destino. Cuando se ve acorralada y no puede deshacerse de la realidad, entonces, la ironía suele tomar el disfraz de su tragedia.
Salvo en muy esporádicos momentos de la humanidad, siempre el hombre se movió lejos de una cultura espiritual y de una actitud solidaria. Este comportamiento a través de la historia ha impedido un cambio cultural hacia un hombre diferente. Cada hombre se comporta como su propio dios a expensas de otros hombres.
No se puede vivir el futuro con la embriaguez de la mundanidad existencial. No hay mañana que calme la sentencia que nos acompaña hasta su cumplimiento. Hay un camino que no se entrevió entre la utopía (“algún lugar, ningún lugar”) del cielo y la de la tierra. Ese sendero es el fervor al prójimo a través de una ética que no le retira al hombre su ignorancia existencial pero que lo hace digno del lugar que ocupa con su limitada conciencia.
Gracias Jorge por tu descripción de lo que en Advaita-Vedânta se denomina «ignorancia»; es la ignorancia acerca de lo que realmente somos. Gracias también por la indicación de un camino para salir de ello: la ética del servicio, que vino a traer Jesús.
Paz y luz
Es verdad que para Platón y Sócrates el asombro podria ser el primer paso al conocimiento porque despierta la curiosidad e impulsa a buscar explicaciones.
Sin embargo, puede haber más de una respuesta , por lo tanto la duda que proviene de la raiz indoeuropea “dwo”que significa dos, es estar indeciso entre dos posibilidades.
Si aceptamos como verdad indiscutible la primera respuesta al asombro podríamos estar equivocados.
A medida que conocemos más las dudas van creciendo por lo que ya no es el asombro sino la duda la que nos estimula a buscar nuevas respuestas.
En verdad, ahora mismo dudo si es el asombro o la duda el pilar del conocimiento
Me parece que ambas son fundamentales y se complementan en el tiempo .
Curiosidad –> asombro –> conocimiento –> duda –> conocimiento –> duda –> conocimiento—> DUDA —–> CONOCIMIENTO
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Hola Jorge;
Gracias por el disenso, que obliga a afinar la pluma.
Insisto que sólo el asombro puede ser motivación del conocimiento. Pero es cierto que, una vez iniciado un proceso de conocimiento, en el caso del conocimiento común y del conocimiento científico, la duda intervendrá para rectificar el camino, si fuera necesario.
En el conocimiento del ser, en cambio, no hay lugar para la duda.
Por ejemplo: no puedo dudar de mi propia existencia, no puedo dudar de que yo sea realmente yo.
Estás de acuerdo?
Paz y luz!
El asombro y no la duda está en la raíz de todo conocimiento;Conocimiento que Evoluciona con la Luz Divina e Inteligencia Suprema del Tododpoderoso y la Gratitud por Recibir la misma!!
Gracias como siempre Eduardo por tu entusiasmo (del griego «en theous atmós» : estar en el aliento divino).
Paz y luz
Ahora me digo…existo, luego pienso.
Hola Luis!
Supongo que harás referencia por contraposición a la famosa frase de Descartes: «Pienso, luego existo.»
Tu enfoque es el ontológicamente correcto: la existencia es previa a cualquier otra cosa, incluyendo al pensamiento.
Pero permitime hacerle justicia al pobre Descartes, con su frase injustamente sacada de contexto. El nunca quiso decir que ontológicamente, la existencia se basara en el pensar. Su enfoque fue psicológico-pedagógico; nos va llevando de la mano, a través de su duda metódica, en la búsqueda de la verdadera e indestructible verdad, que pudiera fundamentar el edificio de las ciencias. Y al ir demoliendo las aparentes certezas de los sentidos, e imaginando hiperbólicamente un genio maligno que creara ilusoriamente esta realidad, aun así, si soy engañado, eso mismo es una prueba de que existo.
Y el ser engañado, Descartes lo coloca como una forma de pensamiento. Descartes llega, justamente, por descarte, a la certeza de la existencia del yo.
Nos invita a razonar con él: si me engañan en todo acerca de la realidad, igual subsiste la certeza del propio yo engañado.
Lo cual no obsta para que, recorriendo el camino inverso, como lo hacés vos, yendo del fundamento a lo fundamentado, enunciemos: «Existo luego pienso».
Pero el camino pedagógico para la enseñanza, es inverso: partiendo de la evidencia de lo fundamentado, inferimos la existencia del fundamento.
No sé si aclaré u oscurecí? 🙂