Dios Adentro Dios Afuera

El místico sabe

El religioso cree que hay un alma separada. El materialista cree que hay un cuerpo separado. El místico sabe que todo es uno. (A.R.J.)

«Cuando hago Jñâna-Yoga (Filosofía) veo que no soy nada. Cuando hago Bhakti-Yoga (Amor) veo que lo soy todo. Entre estos dos fluye mi vida». (Nisargadatta Maharaj)

Aquí, la «nada» es la Unidad (el vacío creador) y el «todo» es la Multiplicidad de las formas. La vida es el flujo constante entre ambas caras, entre la Razón y el Amor.

Otra tradición mística, el Taoísmo, explica que el origen es uno, pero su manifestación es infinita: «El Tao engendró al Uno. El Uno engendró al Dos. El Dos engendró al Tres. El Tres engendró a los diez mil seres«.Los «diez mil seres» son la multiplicidad que vemos afuera, pero el texto nos recuerda que si sigues el hilo hacia atrás, siempre llegas al Tao. La moneda es el Tao; las dos caras son el «vacío» y la «creación».

En la tradición de la India, se usa mucho la analogía del oro y las joyas:

«Como de un solo trozo de oro se conocen todas las cosas hechas de oro —pues la diferencia es solo de nombre y de forma, pero la realidad es solo el oro—, así es este conocimiento».

La Conciencia Única es el oro. Las cosas existentes son las «joyas». Tienen nombres y formas distintas (multiplicidad), pero su sustancia (Ser) es exactamente la misma.

Una reflexión respecto al nombre de este sitio:

  • La Unidad es el «Dios Adentro» (la esencia silenciosa).
  • La Multiplicidad es el «Dios Afuera» (la danza de las formas, los colores del otoño).

No son dos cosas separadas, sino la Conciencia experimentándose a sí misma a través de infinitos espejos.

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Alberto Richter
Alberto Richter
4 days ago

La existencia no es un equilibrio estático, sino una tensión constitutiva. Si se postula una unidad absoluta —un Ser o un tejido universal que lo contiene todo—, esta unidad no puede ser definida por la armonía, pues la observación de sus componentes revela una colisión permanente. El universo, en su esencia, es el conflicto.
Esta realidad se manifiesta a través de leyes implacables que rigen desde la materia inanimada hasta la expansión de las galaxias:
1. La Ontología del Choque (El Micro y el Macro)
El universo no funciona mediante la cooperación idílica, sino mediante la depredación energética y la ocupación del espacio.
• A nivel mineral: La solidez de los planetas y la formación de sus relieves son el resultado de presiones insoportables y choques tectónicos. La materia inanimada «lucha» por el espacio; una placa se subduce bajo otra en un acto de rendición física para que la otra prevalezca.
• A nivel vegetal y animal: Lo que comúnmente se denomina «equilibrio natural» es, en rigor, una suma estadística de millones de actos de consumo diarios. La vida se sostiene devorando vida. Las raíces de las plantas segregan toxinas para anular la competencia, y los depredadores marcan territorios para asegurar el flujo de energía. No es maldad, es termodinámica aplicada.
2. El Planeta como Campo de Fuerzas
En la escala global, el conflicto humano no es una anomalía ética, sino la ejecución de una programación biológica y estratégica.
• La Geopolítica como Biología: Las naciones actúan como organismos complejos que buscan asegurar «pasillos» de recursos, energía y tránsito. La historia de los imperios absorbiendo estados menores es el equivalente planetario de la gravedad: las masas mayores atraen y subordinan a las menores.
• La Paz como Intermedio: En este sistema, la «paz» no es un estado natural, sino un equilibrio momentáneo de tensiones. Es el punto donde las fuerzas opuestas se anulan con tal precisión que el sistema parece inmóvil, hasta que una nueva variable (tecnológica, demográfica o climática) rompe el balance y reinicia la colisión.
3. El Sinsentido del Dualismo Armónico
El dualismo que intenta separar una «Esencia Pura» o un «Dios de Paz» de la realidad material conflictiva carece de sustento. Si existe una unidad fundamental que constituye el Todo, esa unidad contiene necesariamente la crueldad, la ambición y la guerra.
• El Ser es, por naturaleza, autofágico: se devora a sí mismo para transformarse y expandirse.
• Cualquier intento de «armonía espiritual» es una proyección del deseo humano de consuelo frente a un Absoluto que es, en realidad, una maquinaria de fricción constante.
4. La Cosmología de la Dominación
A escala universal, la autonomía es una imposibilidad física. Todo cuerpo celeste está atrapado en el campo gravitatorio de algo más masivo.
• Las galaxias se canibalizan entre sí para aumentar su estabilidad y masa.
• Las estrellas nacen de colapsos violentos y mueren en explosiones que siembran el caos para generar nuevos elementos.
5. La Programación Inevitable
No existe una superación de estas dinámicas porque no son culturales, sino estructurales. La conciencia humana no elimina el conflicto; simplemente le otorga una narrativa (heroica, religiosa o política) a una necesidad física de control. Estamos programados para replicar los patrones del universo: la lucha por ser el centro de gravedad, el miedo a la asimilación y la búsqueda de una potencia superior que garantice la supervivencia.
En última instancia, el universo es un organismo que se constituye a través de su propia fragmentación y lucha interna. El Ser no es paz; es la chispa generada por el choque incesante de todo lo que existe.

Ezequiel Otero
Ezequiel Otero
4 days ago

Que hermoso texto, muchas gracias Maestra ❤️

Fatimi
Fatimi
4 days ago

🙏🙏 🙏

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