Creo en la atención enfocada lo más posible al Gran Interlocutor que nos habla a través del Universo. Sólo ruego por poder ver Su Mano detrás de todo lo que me acontece. Si logro esto, sé que seré feliz. (Ana)
El no poder ver nuestra vida como un encuentro con el Alma del Mundo nos hace caer en el sin sentido y la soledad existencial, conduciéndonos a todo tipo de adicciones. Si atribuimos al azar las cosas que nos suceden, caeremos en el absurdo existencial.
En su libro Los cuatro niveles de la felicidad: tu camino hacia el florecimiento personal, el padre Robert Spitzer demuestra que los seres humanos fueron hechos para la unión con lo trascendente. Nada más —ni los placeres físicos, ni los logros personales, ni siquiera las acciones altruistas— nos satisfará por completo. Esto se debe a que fueron creadas en nuestro interior ciertas necesidades que solo Dios puede llenar.
Entendemos estas necesidades, argumenta el padre Spitzer, a través de las misteriosas carencias que sentimos; carencias que, aparentemente, no pueden resolverse con nada en el plano terrenal. El padre Spitzer identifica estas carencias como Aburrimiento Cósmico, Vacío Cósmico, Culpa Cósmica, Alienación Cósmica y Soledad Cósmica.
El hombre no es un animal estricto ni tampoco un ser superior. “Ser intermedio”, necesita de la intriga y la sospecha porque su esencia se construye con la conciencia y el miedo a la muerte. La conciencia construyó su conducta entre la virtud y la culpa. Una argamasa moral se estacionó entre ambas. Al ser gregario necesita del entorno social para sobrevivir por su angustia a la soledad. Esta situación entre muerte y culpa lo transforma en un animal desnaturalizado que deambula sin conocer el sentido de la existencia. No acepta que la existencia como acto moral es el nivel superior que lo puede justificar, aunque no sepa del origen, de la muerte, del tiempo de dios ni de la eternidad.
Un oportunista de la vida. Su miedo a la muerte, al sufrimiento y a la soledad es tal que se aprovecha de la oportunidad a expensas del “otro”. No renuncia ni al pecado ni a los dioses, mientras con un gesto inquisidor ve la manera de subirse al éxito y al poder. De ser él mismo aquel dios que se venere. Ya no el Homo sapiens, sino el Homo deus.
Ha llegado a un punto en que su propio camino del deseo no incluye que la meta final sea la autenticidad de la muerte. Se llena de imaginaciones fruto del miedo y de su cultura de la supervivencia. Y esto lo ha llevado a ser un animal alucinado. El temor y la codicia no lo han dejado ser lo que tendría que haber construido. Este “animal no fijado” de Nietzsche se ha dejado maltratar por un progreso que malgastó su inteligencia basada mayoritariamente en propósitos crecientemente positivistas, hasta el punto que su brío se yergue por la materia que ve y toca. Lo esencial de su comprensión existencial se le ha vuelto insignificante, la cual en forma paradójica, es el atributo que ocupa el vacío de su ser, aspecto invisible, pero tan sólido, que podría haberlo ubicado en el lugar que le corresponde por acto natural de inteligencia y conocimiento. Creció donde no debía. Nunca se alertó que la conciencia del miedo, la angustia existencial, fue el desatino. Esto le atrajo los vicios de la lujuria, egoísmo, soberbia y avaricia. La sociedad abnegada se le escabulló sin poder sostenerla nunca en la historia, la que se repite invariablemente con la razón sosteniendo al instinto. Hoy tiembla ante su propia visión cuando a solas contempla el cosmos. Cada vez olvida más al ser metafísico que lo contiene.
Hola Jorge!
Como siempre, tu escritura es maravillosa!!
Además del contenido, leerte es un deleite lingûístico!!!
Y qué acertada descripción de los males que atrae al ser humano su desconocimiento de su verdadera naturaleza, su identificación con el cuerpo-mente.
Cómo lo señalas al final «su olvido del ser metafísico que lo contiene».
Paz y luz!
Poder ver la Acción de Dios en nuestras vidas y poder manifestar su voluntad en nuestro diario vivir….
Todo lo que nos parece imposible que se resuelva en el plano terrenal…
Hace Su voluntad aquí en la Tierra como en el Cielo.
El encuentro Cielo y a Tierra… llena de Paz… Sentirlo Presencia en mi, en ti… en TODOS… nos permitirá, como tú dices sentir FELICIDAD… GOZO en el alma y en mi Ser.
Abrazo álmico, Querida Ana,
Om Shanti
Gracias por tu comentario Liliana. Hace bien al alma!!!! Bendiciones!