Dependemos demasiado de los demás, del exterior. ¿Es correcto? La dependencia de las cosas externas no nos beneficia. Lo que se necesita es dependencia de nosotros mismos. Nosotros mismos debemos ser nuestro lugar de descanso y apoyo. La devoción no debe ser hacia afuera, sino hacia adentro, como si nada más existiera aparte de nuestro propio ser. Debemos meditar en nosotros mismos, en nuestro Ser. Esta es la devoción no dual. (Nisargadatta Maharaj, India, 1897-1981)
La página escrita por la Prof. Ana Jachimowicz es de una fortaleza conceptual que permite iluminar el difícil camino humano de entender la existencia. Intento avanzar con mi propia conciencia para acercarme a ese horizonte que me signifique, más allá de «estar», «ser». Entonces, intento explicarme…
Los aspectos humanísticos y científicos quedan relegados a su darwinización. La tensión a la muerte y a la prédica del poder coadyuvan para imponer este desarrollo estructural bio-social por sobre el conocimiento genuino e inocente. Si no garantiza la supervivencia del poder, el conocimiento queda relegado por más racionalidad y pureza que ostente. Esto sucedió de manera repetitiva en la historia científica, sobre todo luego de la Revolución Industrial.
Heidegger habla de una dilución de la conciencia, al transformar el pensamiento en una maquinaria de cálculos del poder. Así se convierte la existencia en una cosificación, incluso se transforma en un artículo de consumo tanto la idea científica como el arte, la ciencia y la religiosidad. La ciencia contribuye a una tecnología que se impone derrumbando los principios éticos.
La razón de ser es efímera. Se trastoca en poder y desagua desnaturalizando la evolución cultural para arrojarla al fuego de los instintos. El cambio necesario a esta situación implica altruismo, en la medida que tenga el número suficiente de adeptos. Al hombre se le hace más sencillo, dado el miedo a la muerte, permanecer en la supervivencia estricta.
La conciencia altruista pone al hombre en la tesitura de pensar y sentir que se existe, pero no aclara su sentido existencial. Ante esto no se abalanza el hombre a la espiritualidad, sino que permanece en la lucha por la supervivencia como el único aliento para tolerar seguir siendo un existente. El hombre yace escarmentado por la documentación histórica que nunca ha mitigado esa angustia por el misterio de la muerte. Al deambular entre el sufrimiento y el tedio, el temor lo arroja contra el prójimo. Se evade de la conciencia moral y vive un presente continuo tratando de escapar del tiempo fluyente. Queda suspendido en ese tiempo.
Al respecto, la racionalidad que utiliza el hombre es incomprensible por el desprecio a un estado de consideración a la realidad que lo asiste y por el acercamiento a la banalidad que lo hace ignorar su conciencia genuina. Es el “olvido del ser” de Heidegger en el que solo quedan los placeres inservibles.
Gracias Jorge por la oportunidad de este intercambio tan profundo y respetuoso, desde paradigmas diferentes. Aquí se revela la pureza y nobleza de espíritu de un auténtico buscador de la Verdad. Apasionado e implacable, porque lo que busca es tan importante que no aceptará nada en lo que tenga la más mínima duda. Porque ahí le va el sentido de la existencia.
«Si no garantiza la supervivencia del poder, el conocimiento queda relegado por más racionalidad y pureza que ostente. Esto sucedió de manera repetitiva en la historia científica, sobre todo luego de la Revolución Industrial.»
Coincido. Una nota de color: recuerdo que en la década del 70, EEUU financiaba en CITEFA (Centro de Investigaciones Técnicas de las Fuerza Armadas) una investigación de «ciencia pura» sobre la visión nocturna de las arañas. Resultó que estaban buscando fabricar unos anteojos de visión nocturna para el ejército americano.
Consumo, poder y «monetización» ( como dicen ahora en las redes) dominan nuestra sociedad.
La ciencia «pura», así como la filosofía, se someten a principios pragmáticos, que muy pocas veces apuntan al bien común, y sí la mayoría al enriquecimiento individual o de sectores sociales.
Mientras tanto la metafísica, cuando cae en manos de la religión, también termina siendo manipulada en aras de estructuras de poder.
«Ser un existente» es un misterio, pero la mayoría lo da por sentado, no lo agrqadece y mucho menos se pregunta por su origen y significado. Y se dedican de lleno a «los placeres» inservibles, como tú dices 🙂 San Agustín relata todo esto muy bien en sus Confesiones.
En los espíritus más lúcidos, el escándalo de la muerte los hace intentar discernir entre lo irreal (perecedero) y lo real (que no puede morir). En el estado de ignorancia, las personas quieren que lo perecedero sea inmortal, tarea por supuesto destinada al fracaso. Y nos sumergimos en la banalidad, despreciando nuestra conciencia genuina, que es la única posible tabla de salvación contra el vacío existencial. Y nuestra conciencia genuina es lo que realmente somos, y por eso muchas veces no lo vemos, como cuando andamos buscando por todos lados los anteojos que tenemos puestos.
Abrazo!
Paz y luz
Pienso y siento igual, cuanto más me reflejo en el exterior más pierdo imagen de misma. Cuando estoy en mí, todo está calmo y puedo elegir con conciencia y sabiendo que no me equivocaré. Cuando siento que mi cuerpo es mi templo, busco como está mi ser en mi interior y agradezco a la vida. Es el momento de sentirse uno, de estar en silencio…
Viste, María Marta, cómo es realmente experiencial!!!
Gracias por compartir!!!
Nosotros mismos debemos ser nuestro lugar de descanso y apoyo. La devoción no debe ser hacia afuera, sino hacia adentro. El desapego a lo superfluo es una buena opcion,,para viajar al interior del Espiritu Personal y hacer contacto con DIOS!!!
Qué bueno, Eduardo!
Todo un programa de práctica espiritual para toda la vida, en cuatro palabras: «DESAPEGO A LO SUPERFLUO»,
Bravo!
Haber pasado como si no hubiese sido
haber sido una forma del olvido
uno más de los condenados vivos
desterrado a la ilusión y sometido.
Me conmueve lo vasto del abismo
la lenta agonía de haber nacido
pintarrajeado de hombre y aún vestido
se me ha visto pasar desapercibido.
Llevo en la memoria tantos desatinos
haber querido ser lo que no he sido
debí saber que el fin y el principio
siempre están juntos en el mismo círculo.
Somos todos células del gran cuerpo de Dios.
Somos todos células de lo Infinito.
El paradigma del Universo-máquina, un universo sin alma en el que todo surge por una extraña combinación de azar y férreo determinismo, impera mayoritariamente en nuestros ámbitos académicos occidentales.
Esta concepción nos sumerge en el desaliento y el sentido del absurdo existencial, tan bien descriptos por Sartre, Camus, Cioran y Trainini. Y este sin sentido existencial requiere de sucedáneos para ser olvidado, como las adicciones, la violencia, el consumismo, el estrés, pantalla, distracciones, etc., que con singular eficiencia se encarga de difundir nuestra sociedad.
La frase que analizamos, en cambio, sugiere la organicidad del Universo, como un gigantesco Ser Viviente, dotado de cuerpo material, vida, inteligencia y conciencia, que nos incluye, y con quien compartimos lo corporal, lo energético, lo psicológico y sobre todo lo espiritual-presencial, la “Yoidad”, que analizaremos en capítulos posteriores.
La humanidad tuvo desde épocas muy remotas la intuición del Universo Viviente. Y este paradigma, digámoslo desde el vamos, es indemostrable experimentalmente. Pero exactamente lo mismo sucede con el paradigma del Universo-Máquina, de prosapia mucho más reciente, ya que aparece con la Revolución Científica, alrededor del s. XV.
En efecto, cualquier afirmación acerca de la totalidad del Universo, lejos de ser una hipótesis a confirmar (pues jamás podríamos experimentar con todos los objetos del Universo), podríamos decir con una imagen, que es como unos anteojos previos que nos colocamos para observar la realidad. Si nos ponemos los anteojos del Universo-Máquina, explicaremos todos los fenómenos mecánicamente. Si nos ponemos los anteojos de la Vida, la veremos por todas partes.
La idea de un «universo viviente» no es una perspectiva nueva: aparece ya en la Literatura sagrada de la India (Vedas y Upanishads). En Occidente, hace más de 2000 años, Platón en el “Timeo” describió el universo como un único ser viviente que abarca a todos los seres vivos que lo habitan. Desde esta perspectiva, vivimos dentro de un sistema viviente de inteligencia, sutileza, conciencia, poder y paciencia insondables.
Platón y los estoicos lo veían como un cuerpo gigante con partes interconectadas y gobernado por la razón o un alma cósmica (Anima mundi). Aristóteles, en su obra “Acerca del Cielo”, describió al Universo como un “animal” con un alma o psique que lo anima. En el mismo sentido se expresa Tomás Campanella. Científicamente, esta visión resuena en teorías más recientes que proponen que el universo podría ser una red neuronal gigante capaz de aprender y evolucionar, o en la Hipótesis Gaia, que describe a la Tierra como un sistema vivo autorregulado.
Y si fuéramos microcosmos del gran Macrocosmos , imágenes holográficas de la Totalidad? Todas las tradiciones de sabiduría repiten incansablemente “Como es arriba es abajo” (Esoterismo), “Macrocosmos y microcosmos”, “Hechos a imagen y semejanza”., etc. Poseemos holográficamente todas las características del Cuerpo Universal al que pertenecemos y a la vez componemos.
Funcionalidad: así como una célula del hígado cumple una función necesaria para el correcto funcionamiento de un cuerpo humano, así nosotros seríamos elementos vivientes cumpliendo una función específica dentro del gran Cuerpo-Mente Universal. Qué lejos estamos de la filosofía del absurdo del Existencialismo ateo!
Además, así como cada célula está interrelacionada con todas las demás, así nosotros también estamos interrelacionados en y con la Totalidad Viviente y Consciente, a todo nivel.
Y así como las células se organizan en tejidos, órganos y sistemas de órganos, el Universo Viviente también es multidimensional, aunque la misma Vida nos permea a todos y a todo.
Te invitamos a abrir tu mente a la posibilidad de que seamos partes de un Todo Sagrado, en continua interconexión y comunión. En esta unidad encontraríamos propósito, paz y nuestra verdadera esencia.
Debemos meditar en nosotros mismos, en nuestro Ser. Esta es la devoción no dual; Dicha Dualidad nos lleva a Balancear la Luz y Energia Obscura; Logrando un Equilibrio con la Luz del Creador y siendo una Supernova,,,mas en el Infinito!!!
Las contradicciones coexisten en la Unidad
La dependencia de las cosas externas no nos beneficia, nos Esclaviza a tener que estar en las Redes Narcisistas, Egolatras y poco Empaticas; Estos factores nos Alejan de la ecencia del Ser y Espiritualmente Desconectados del Amor en Resonancia con el Universo!!!
Lamentablemente, tal cual