Dios Adentro Dios Afuera

SER NUEVO

«Si estás atento al presente, el pasado no te distraerá, entonces serás siempre nuevo.» (Facundo Cabral, Argentina, 1937-2011)

Como el alma, que, a diferencia del ego, es siempre «nueva». (Ana Jachimowicz, Argentina, 1950)

«Mi alma hoy es más joven que ayer, y mañana será más joven que hoy.» (Meister Eckhart, Alemania, 1260-1328)

En qué momento te parece que dejaste de ser «nuevo»?

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Rubén Osvaldo Fernández
Rubén Osvaldo Fernández
2 months ago

El alma pertenece a lo eterno y es testigo y presencia consciente de este plano.
El cuerpo pertenece al tiempo y se mueve entre la causa y el efecto.
El alma no se gasta ni envejece, el cuerpo sí.
Mi cuerpo ya no es nuevo, lo sé y no me entristece.
A mi alma la busco en los momentos en que me pierdo y es en esos momentos en que recuerdo que a ella debo recurrir.

Jorge Trainini
Jorge Trainini
2 months ago

La interpretación de la eternidad puede trazarse desde diversas acepciones. En el nivel de la exégesis filosófica-mística; como estructura humana llevada a la continuidad del yo; también incorporada al concepto de infinito con la cualidad de insondable o en el conocimiento de la modificación creadora de la materia ejercida por un escultor llamado tiempo.

 

El tiempo y la eternidad representan una ecuación en la cual un ente condiciona al otro. El concepto de eternidad es inherente a todo el universo en su conjunto y no debe ser referido a las individualidades. Sin tiempo no hay creación, tampoco inmortalidad. Pero sin transformación el tiempo pierde valoración, tampoco se justifica. Esta creación debe ser entendida como evolución. Aristóteles lo afirmaba: “el tiempo es la medida del movimiento, en la perspectiva del antes y del después”. La perpetua conversión instituye el mecanismo del movimiento del que hablaba el estagirita como definición del tiempo. Los fenómenos de transfiguración dan lugar a la acción. En ese momento se evidencia la flecha del tiempo, aunque su medida resulta de un arbitrio humano, no de la propia fluidez.

 

El tiempo se manifiesta en la materia que cambia a perpetuidad las formas. ¿Sin transformación hay khronos? ¿o manera de evidenciarlo? El péndulo marca períodos, no la validez de un momento determinado hacia una mutación. Esta mensura mecánica basada en la observación de hechos naturales cíclicos es obra humana. La revolución del péndulo que finge regresar a su inicio nada tiene que ver con el derrotero lineal del tiempo. El hombre imitó en su experiencia a la rotación de los planetas y las estaciones, con la sospecha que ellos vuelven a sus orígenes. La apariencia lo llevó a la imaginación necesaria, porque el tiempo no deja de ser un camino permanente hacia el después, a pesar de las analogías que suceden en la mente.

 

El tiempo es una consecuencia de los sucesos que pasan por la percepción del hombre. Éste, desde el momento en que adquiere enseñanza existencial del pasado, es introducido en la angustia y precipitado al torbellino de la sangre en el futuro. Desaprovecha el valor del presente e ignora que cada instante de él es la ansiada eternidad. Los tiempos restantes –pasado y porvenir- se amparan en utopías que le permiten asimilar los fracasos, para volverlos a sobrellevar con su carga de ficciones. En forma inconsciente precipita sus acciones de vida para evitar que el tiempo lo consuma. 

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