Es muy fácil sentir la presencia de Dios; es lo que que te está sosteniendo en tu ser en este mismo momento. Ve allí en meditación. (Ana, Argentina, 1950)
El camino directo hacia la unión con la Dios (Yoga).
La Felicidad nos ocurre sin darnos cuenta de que «Es» porque estamos ante la presencia de Dios.
Cuando no nos sentimos felices, es porque no nos damos cuenta de que no estamos buscando a Dios.
No sé si busco a Dios todos los días, a veces me dice ¡Aquí Estoy!
Otras veces, sigo de largo, cuando veo la crudeza del mundo.
Pero yo no puedo arreglar los problemas del mundo cuando no puedo aportar una solución; tampoco quiero sentirme desgraciado por eso, porque nada con ello yo aportaría.
Dios nos colocó en el lugar y el momento preciso que necesitamos, es decir, en nuestro entorno está nuestra misión, nuestro desafío y Dios atiende y es atendido en los dos lados del mostrador o sea: Adentro y Afuera.
La Felicidad, que es la Paz del espíritu, y el Amor, nos lo da ESO que, estando en nosotros, hace que seamos.
Así yo lo veo.
Jorge Trainini
2 days ago
El dolor es un gesto superficial, la tolerancia un acto profundo. La caída del espíritu hacia lo insondable del dolor es el camino de la desesperación Nos preguntamos del porqué de la vida cuando comprendemos que el dolor es su sacrificio. ¿Puede el averno superar a este sacrificio? Ante la existencia de los hombres Lucifer es un aprendiz de sufrimientos y condenas. Es un verdugo desprestigiado.
Ja ja «Lucifer es un aprendiz», genial!!!
Pero la vida, como el Yin y el Yang del Tao, es una danza de opuestos que se complementan. Quizás la respuesta es no quedarse sólo en ninguno de los dos: la Danza misma es lo Real.
Jorge Trainini
2 days ago
La civilización se edificó sobre sus propias ruinas. La violencia entre los hombres en todos los tiempos fue consolidando esa curva de las sociedades triunfantes que consideramos ascendente y cuyo “progreso” defendemos ardorosamente. En nombre de dicho “progreso” hemos acuñado prototipos de violencia e injusticias. De hombres y pueblos cuyo poder, superior a los demás, les permitió avanzar sobre las geografías físicas y las libertades humanas. La sociedad proclama a los vencedores. A aquellos que vulneran los límites, a expensas de cualquier sacrilegio sobre sus ocupantes. Saqueos, perversiones, despojos y muertes quedan en el olvido de las jornadas de fuego contra los propios mortales. El hombre mata por el credo y el poder. Se apropia de las posibilidades de otros semejantes a despecho de creer sólo en sus convicciones. Es el ejemplo que destila la historia. Los pueblos guerreros y violentos terminan usurpando la gloria y el poder. Volviendo ley la injusticia. No basta la creencia en la solidaridad y la entrega. Son anécdotas en las que el poder descree y desprecia. Sólo la fuerza empleada para vencer al otro termina imponiendo las condiciones. La humanidad se divide entre vencedores y vencidos. La razón, la sensibilidad, el realismo poético, el amor al prójimo, han sido declamaciones oportunistas. El hombre aún no ha llegado a imponer ni la justicia ni el afecto. A través de la hipocresía se utilizan estos actos -de la más elevada espiritualidad humana- con el solo fin de no desnudar la inconsciencia de lo animal puro.
Así es Jorge, como dijo alguien: «La historia la escriben los vencedores». Ni siquiera lo «puramente animal» es comparable a la violencia depredadora de la que es capaz el ser humano. El animal sólo mata para comer, o, a veces, por conductas sexuales. Pero nunca a sus congéneres, ni a multitudes por vez.
Pero el Amor y el Servicio se dan también en la humanidad, en cantidades homeopáticas pero heroicas, muchas veces a nivel doméstico, que no sale en las noticias. A nivel personal, me consta por relatos de primera mano de mis padres, sobrevivientes del Holocausto.
Los que abogaban por valores morales han sido perseguidos, torturados, quemados, o simplemente ignorados. Pero también muchos han originado grandes movimientos, que, como todo lo humano, son imperfectos. Así, a los tumbos, a veces avanzando a veces retrocediendo, camina la humanidad.
Como dice Facundo Cabral: «Una bomba hace mucho ruido, un millón de caricias no hacen ninguno.»
ES MUY SENCILLO; LA OMNIPRESENCIA EN EL COSMOS PERFECTO, Y CADA SER HUMANO, ANIMAL, VEGETAL, Y FAUNA MARINA ESTA CONFIGURADA,,la Presencia Divina del SEÑOR!!!
Gracias Eduardo, como siempre tu entusiasmo, nacido de la vivencia personal de la omnipresencia de lo Divino, es contagioso! Ojalá tantas personas que viven hoy en la angustia del absurdo existencial, pudieran experimentarlo así!!!
Jorge Trainini
2 days ago
La decadencia de la memoria sobre nuestros sufrimientos permite resistir en la existencia. Sería imposible transcurrir los días con la historia de las tormentas que nos han acosado. Por eso nos alejamos de los dolientes. Apenas ejercemos una aproximación sobre ellos y fugamos para cobijarnos en nuestros recovecos. Es un reflejo que traemos de la naturaleza. Ella no se conduele de los necesitados, postrados. Sigue adelante amparada en una neblina de la inconsciencia -o conciencia limitada- que no le acerca el sufrimiento adicional del afecto, de la comprensión. La única defensa del hombre es el olvido que se va depositando en el recuerdo hasta camuflarlo, quitarle la sensibilidad, dejarlo como una imagen muda. Una arqueología del hecho acontecido.
Un antídoto poderoso contra el dolor es el servicio a los demás, como me consta que tú mismo lo aplicas en tu vida personal.
Jorge Trainini
3 days ago
Desde mi ventana la gente aparece y se evade. Algunos vuelven a hacerlo dentro de un instante o un tiempo mayor. Otros no cruzarán nunca más. La sola contemplación me aproxima a ellos, sin que lo puedan advertir. Me siento un demiurgo inerte, desprovisto de poder para modificar a los semblantes tristes. A los que arrastran la vida como si fuese una condena. Yo los comprendo. Durante toda la vida sentí el peso de la historia sobre mi voluntad y la obligación de ser a medida de los demás. Desprovisto de mí, ocultando el sentimiento, llevándolo como una cruz que sólo yo asimilaba que existiese.
¿Cómo ayudar al que no se conoce? Qué cosa terrible es el prójimo que nos duele. El prójimo es una instancia fortuita y su ayuda una extraña inexactitud. Ni siquiera los sentidos de comprensión puestos a su estado, ni la suprema voluntad cuentan con la precisión que se necesita. El sufrimiento se instala en la carne, en la sangre, en la ebullición de las sienes, en el reflejo de los ojos, en cada partícula de nuestra humanidad. Éste se aposenta y perdura como una garra. En cambio, la alegría se sedimenta apenas un instante en nuestro cuerpo. Luego escapa. Se evade hasta desaparecer y quedar ocre en el pasado. Nada hay tan paradójico como una alegría que no se pueda recuperar y que el tiempo vuelve efímera, como los astros que contemplo ya muertos desde la ventana. Anocheció. La plaza es una neblina oscura recortada por faroles de luz amarilla que se diluyen en la hierba. La gente sigue pasando delante de mí. De pronto una sombra que se mueve acompaña desde atrás a un hombre que pasa. ¿Habrá sucedido esto con los dioses?
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La Felicidad nos ocurre sin darnos cuenta de que «Es» porque estamos ante la presencia de Dios.
Cuando no nos sentimos felices, es porque no nos damos cuenta de que no estamos buscando a Dios.
No sé si busco a Dios todos los días, a veces me dice ¡Aquí Estoy!
Otras veces, sigo de largo, cuando veo la crudeza del mundo.
Pero yo no puedo arreglar los problemas del mundo cuando no puedo aportar una solución; tampoco quiero sentirme desgraciado por eso, porque nada con ello yo aportaría.
Dios nos colocó en el lugar y el momento preciso que necesitamos, es decir, en nuestro entorno está nuestra misión, nuestro desafío y Dios atiende y es atendido en los dos lados del mostrador o sea: Adentro y Afuera.
La Felicidad, que es la Paz del espíritu, y el Amor, nos lo da ESO que, estando en nosotros, hace que seamos.
Así yo lo veo.
El dolor es un gesto superficial, la tolerancia un acto profundo. La caída del espíritu hacia lo insondable del dolor es el camino de la desesperación Nos preguntamos del porqué de la vida cuando comprendemos que el dolor es su sacrificio. ¿Puede el averno superar a este sacrificio? Ante la existencia de los hombres Lucifer es un aprendiz de sufrimientos y condenas. Es un verdugo desprestigiado.
Ja ja «Lucifer es un aprendiz», genial!!!
Pero la vida, como el Yin y el Yang del Tao, es una danza de opuestos que se complementan. Quizás la respuesta es no quedarse sólo en ninguno de los dos: la Danza misma es lo Real.
La civilización se edificó sobre sus propias ruinas. La violencia entre los hombres en todos los tiempos fue consolidando esa curva de las sociedades triunfantes que consideramos ascendente y cuyo “progreso” defendemos ardorosamente. En nombre de dicho “progreso” hemos acuñado prototipos de violencia e injusticias. De hombres y pueblos cuyo poder, superior a los demás, les permitió avanzar sobre las geografías físicas y las libertades humanas. La sociedad proclama a los vencedores. A aquellos que vulneran los límites, a expensas de cualquier sacrilegio sobre sus ocupantes. Saqueos, perversiones, despojos y muertes quedan en el olvido de las jornadas de fuego contra los propios mortales. El hombre mata por el credo y el poder. Se apropia de las posibilidades de otros semejantes a despecho de creer sólo en sus convicciones. Es el ejemplo que destila la historia. Los pueblos guerreros y violentos terminan usurpando la gloria y el poder. Volviendo ley la injusticia. No basta la creencia en la solidaridad y la entrega. Son anécdotas en las que el poder descree y desprecia. Sólo la fuerza empleada para vencer al otro termina imponiendo las condiciones. La humanidad se divide entre vencedores y vencidos. La razón, la sensibilidad, el realismo poético, el amor al prójimo, han sido declamaciones oportunistas. El hombre aún no ha llegado a imponer ni la justicia ni el afecto. A través de la hipocresía se utilizan estos actos -de la más elevada espiritualidad humana- con el solo fin de no desnudar la inconsciencia de lo animal puro.
Así es Jorge, como dijo alguien: «La historia la escriben los vencedores». Ni siquiera lo «puramente animal» es comparable a la violencia depredadora de la que es capaz el ser humano. El animal sólo mata para comer, o, a veces, por conductas sexuales. Pero nunca a sus congéneres, ni a multitudes por vez.
Pero el Amor y el Servicio se dan también en la humanidad, en cantidades homeopáticas pero heroicas, muchas veces a nivel doméstico, que no sale en las noticias. A nivel personal, me consta por relatos de primera mano de mis padres, sobrevivientes del Holocausto.
Los que abogaban por valores morales han sido perseguidos, torturados, quemados, o simplemente ignorados. Pero también muchos han originado grandes movimientos, que, como todo lo humano, son imperfectos. Así, a los tumbos, a veces avanzando a veces retrocediendo, camina la humanidad.
Como dice Facundo Cabral: «Una bomba hace mucho ruido, un millón de caricias no hacen ninguno.»
ES MUY SENCILLO; LA OMNIPRESENCIA EN EL COSMOS PERFECTO, Y CADA SER HUMANO, ANIMAL, VEGETAL, Y FAUNA MARINA ESTA CONFIGURADA,,la Presencia Divina del SEÑOR!!!
Gracias Eduardo, como siempre tu entusiasmo, nacido de la vivencia personal de la omnipresencia de lo Divino, es contagioso! Ojalá tantas personas que viven hoy en la angustia del absurdo existencial, pudieran experimentarlo así!!!
La decadencia de la memoria sobre nuestros sufrimientos permite resistir en la existencia. Sería imposible transcurrir los días con la historia de las tormentas que nos han acosado. Por eso nos alejamos de los dolientes. Apenas ejercemos una aproximación sobre ellos y fugamos para cobijarnos en nuestros recovecos. Es un reflejo que traemos de la naturaleza. Ella no se conduele de los necesitados, postrados. Sigue adelante amparada en una neblina de la inconsciencia -o conciencia limitada- que no le acerca el sufrimiento adicional del afecto, de la comprensión. La única defensa del hombre es el olvido que se va depositando en el recuerdo hasta camuflarlo, quitarle la sensibilidad, dejarlo como una imagen muda. Una arqueología del hecho acontecido.
Un antídoto poderoso contra el dolor es el servicio a los demás, como me consta que tú mismo lo aplicas en tu vida personal.
Desde mi ventana la gente aparece y se evade. Algunos vuelven a hacerlo dentro de un instante o un tiempo mayor. Otros no cruzarán nunca más. La sola contemplación me aproxima a ellos, sin que lo puedan advertir. Me siento un demiurgo inerte, desprovisto de poder para modificar a los semblantes tristes. A los que arrastran la vida como si fuese una condena. Yo los comprendo. Durante toda la vida sentí el peso de la historia sobre mi voluntad y la obligación de ser a medida de los demás. Desprovisto de mí, ocultando el sentimiento, llevándolo como una cruz que sólo yo asimilaba que existiese.
¿Cómo ayudar al que no se conoce? Qué cosa terrible es el prójimo que nos duele. El prójimo es una instancia fortuita y su ayuda una extraña inexactitud. Ni siquiera los sentidos de comprensión puestos a su estado, ni la suprema voluntad cuentan con la precisión que se necesita. El sufrimiento se instala en la carne, en la sangre, en la ebullición de las sienes, en el reflejo de los ojos, en cada partícula de nuestra humanidad. Éste se aposenta y perdura como una garra. En cambio, la alegría se sedimenta apenas un instante en nuestro cuerpo. Luego escapa. Se evade hasta desaparecer y quedar ocre en el pasado. Nada hay tan paradójico como una alegría que no se pueda recuperar y que el tiempo vuelve efímera, como los astros que contemplo ya muertos desde la ventana. Anocheció. La plaza es una neblina oscura recortada por faroles de luz amarilla que se diluyen en la hierba. La gente sigue pasando delante de mí. De pronto una sombra que se mueve acompaña desde atrás a un hombre que pasa. ¿Habrá sucedido esto con los dioses?